Lunes, 22 de Octubre de 2018      

DEFINICIONES DE LA ARTISTA PLASTICA

Silvina Martínez: “Una cosa es pintar y otra es ser artista plástica”

Silvina Martínez, una de las artistas más prolíficas y conocidas de la provincia, da precisiones no sólo de su obra, sino de distintas aristas del quehacer artístico, incluso las más negativas.

Silvina Martínez comenzó con las artes plásticas desde muy pequeña. En la actualidad es docente del Departamento de Artes de la Universidad Nacional de San Juan. Su obra es muy prolífica.
Uno de los ambientes de la casa de Silvina Martínez opera como un taller más de esos que a ella le insumen una buena porción de sus días. Entre una profusión de cuadros, telas, libros y colores vivos, una obra del artista sanjuanino Alberto Sánchez reza: “Nada quedará sin ser pronunciado”. Y esta suerte de sentencia artística pinta (nunca mejor usada la metáfora) a Silvina en su dimensión. Porque, por un lado, la frase sintoniza con su hábito de promocionar a otros. Y también, porque es imposible que una producción de la artista no pronuncie mensajes, como a borbotones. Por estos tiempos, un halo americanista está envolviendo su obra. De ella se desprenden creencias y mitos populares. Y la artista se pronuncia.

—¿En su obra hay rasgos latinoamericanos?
—Sí, representar lo latinoamericano es una de las líneas que yo vengo trabajando. Cuando viajé por el Norte argentino y algo de Latinoamérica me atrajo mucho el modo expresivo de la gente de estos países. Además, tengo una tendencia natural a esos rasgos.

—¿Y cómo se expresa eso en su técnica?
—En la fuerza del color, el uso de colores planos sin volumen y sin relieves, en línea de contorno oscura, muy firme, y una cierta tendencia al barroquismo, o sea una saturación y abigarramiento de elementos de la imagen.

—¿Hay una tendencia en el arte a mirar hacia la propia cultura?
—Junto al fenómeno de globalización hay otro de regionalización. Algunos grupos de artistas reflejan esto y otros no. Justamente la característica de la era contemporánea es la diversidad, y hay de todo y para todos los gustos. Pero soy de las que piensan que todo arte serio está instalado y arraigado en una región, país o pueblo.

—¿Cómo empezó con la plástica?
—Mi papá, Alfredo, era contador, y mi mamá, Inés, era ama de casa. Los dos eran amantes de la herramientas y les gustaba construir cosas. Al lado de ellos aprendí a moverme en el campo de lo manual. Cuando terminé la primaria ingresé a estudiar en el Instituto Superior de Artes y después ingresé en la universidad.

—¿Siente que ahora es una de las artistas más mediáticas de la provincia?
—Puede ser, pero es porque soy una máquina de hacer cosas, no sólo en lo que respecta a mi producción, sino que siempre he estado interesada en difundir el arte de los demás y las distintas actividades artísticas. Soy como multifacética.

—¿Y cómo evalúa la realidad del arte en San Juan?
—Hace mucho que hay una gran producción. Lo que pasa es que ahora hay más difusión y entonces parece que hay más movimiento. Igual, no es fácil exponer porque cada movida de éstas cuesta mucho dinero y esfuerzo.
Silvina Martínez

—¿Los artistas se sienten solos?
—Recién ahora la empresa privada está apoyando un poquito las inauguraciones. Y es un gran avance. En otros países del mundo todas las muestras son esponsoreadas. Y oficialmente no hay una política cultural que propenda a una verdadera expansión de la producción artística.

—¿Cómo ve el mercado?
—No avanzamos nada. La gente no entiende que uno no sólo produce para expresarse sino también para vender, porque esta es una profesión. Pareciera que no somos profesionales y que no tenemos por qué vivir de lo nuestro.

—¿Eso se percibe en las muestras?
—Sí, en la muestra Salud, dinero y amor coloqué a propósito en el afiche Exposición y venta. Porque por ahí la gente no sabe que uno también trabaja para vender.

—¿Qué se vende?
—La pintura comercial, accesible, convencional. La pintura paisajística es la que más se vende. Una cosa es pintar y otra es ser artista plástica, que es todo un proceso de desarrollo intelectual, mucho más complejo.


El incendio del taller
En 1999 se incendió el Taller de las Artes de Silvina Martínez, que estaba ubicado en las inmediaciones de Ignacio de la Roza y Paula A. de Sarmiento. Allí se quemó toda la producción de la artista. Funcionaba desde 1996, y el proyecto consistió en una propuesta multidisciplinaria, donde había teatro, recitales y encuentros de artistas. Un desperfecto eléctrico provocó la chispa que acabó con todo. Actualmente, el taller de Silvina está en San Luis entre Santiago del Estero y Salta.

Una de las pinturas de la exposición de Silvina Martínez; "Salud, dinero y amor", en la que el Ekeko es la figura central.

Salud, dinero, amor y el Ekeko
Hace una semana Silvina Martínez inauguró en El Cruce, Libertador 2225 Oeste, una muestra a la que denominó “Salud, dinero y amor”, con una serie de obras de su autoría a las que tituló Ekekos. Las producciones son de los últimos dos años y consisten en pinturas, grabados y objetos de pequeño y gran formato.
“El Ekeko es una ancestral figura de la cultura de La Paz, Bolivia, que desde hace años se entrona en la fiesta de Alasita, una voz aymará que significa cómprame. Es un personaje mixturado, cuya imagen y significado se ha ido modificando con los años. Sus dominios se extendieron hace muchos años hasta el norte chileno y argentino, y llegó a San Juan”, explica Silvina.

—¿Por qué el Ekeko en sus obras?
Mis viajes a Perú, un Ekeko de Jujuy que me regaló la artista Cecilia Rabi Baldi, hicieron que me reencontrara con este personaje que me traía recuerdos de mi infancia. Por ello hacia 1996 lo tomé como tema de mis pinturas e instalaciones.

—¿Cómo relaciona al Ekeko con el título de la exposición?
—Según la creeencia popular, el Ekeko brinda salud, dinero y amor . Es una especie de patrono de la abundancia y ofrece cumplir sueños. Una de las cosas que hay que hacer para que conceda deseos es colocarle un cigarrilo en la boca.

—El Ekeko ya no es tan popular...
—Cuando yo era chica, el ekeko se veneraba también en San Juan, no sólo en el Norte del país. En la actualidad ya no es tanto, porque se impusieron otras creencias populares.

Silvina en Berlín, en 1990, donde realizó un curso de perfeccionamiento. “Me gusta mucho que la gente pinte. Pero una cosa es pintar y otra es ser artísta plástica”, afirma.

“Hay más público de arte”
—¿Creció el público que consume arte?
—En los últimos años ha crecido el número de público. Y es más heterogéneo.

—¿Qué influyó para que eso suceda?
—Aparecieron nuevos centros culturales y espacios para exponer, eso genera otra circulación de público. Se sumaron al Centro Cultural Estación San Martín, a la Alianza Francesa y varias instituciones que siempre ofrecieron sus salas.


Nota publicada en El Nuevo Diario el Viernes 29 de septiembre de 2006, en su edición 1267


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