Martes, 23 de Enero de 2018      

Ojos de “Pato”

En el año 98, un pico de stress llevó a Orlando “Pato” Palacio a tener que buscar una actividad placentera que le permitiera relajarse. Así llegó a la fotografía, en la que hoy plasma no sólo su particular visión de la provincia, sino también el sentimiento que cada paisaje, cada rostro y cada rayo de luz le inspiran.

Orlando Pato Palacio
Viaje al interior del autor
No hay mal que por bien no venga, habrá pensado Orlando “Pato” Palacio cuando el médico le recomendó bajar un cambio y buscar alguna actividad para distenderse, cuando un pico de streess elevó su presión a las nubes. ¿Habrá sido mirando esas nubes, mientras buscaba algo que hacer, que pensó en la fotografía? A ciencia cierta, ni el mismo lo sabe, pero lo concreto es que, de algún modo, eso le salvó la vida. Y aunque por su formación de economista estaba habituado a tener los pies sobre la tierra, se dejó llevar por lo que su corazón le indicaba y usando la fotografía como excusa, dejó salir al artista que por tantos años llevaba adentro.

Buen paciente en todo el sentido de la palabra, Orlando “Pato “ Palacio sigue al pie de la letra la prescripción que le hizo su médico y encuentra, en la fotografía, la puerta que le permite ir adentro y afuera al mismo tiempo. Adentro de sí mismo, para ver lo que no ven los ojos y afuera, para retratar la naturaleza en que los ojos se complacen y disfrutan.

-Usted es licenciado en economía, Orlando. ¿Cómo llegó a la fotografía y en qué momento de su vida?
-Por prescripción médica. Debido a mi profesión, yo viví veinte años en Buenos Aires. Tenía un ritmo de vida muy agitado, de mucha velocidad. En el año 98, esa actividad me provocó un pico de stress que me trajo algunas complicaciones de salud. Entonces mi médico me dijo que para superar la presión alta y otros síntomas, lo mejor era hacer algo que me produjera placer.
"Una puerta es un mensaje, porque significa resguardo para la familia cuando está cerrada y confianza en los demás, cuando permanece abierta". (Foto perteneciente a Orlando Pato Palacio)

-¿Y por qué precisamente fotografía?
-En realidad al principio no sabía muy bien a qué orientarme. A mí me gusta la música, me gusta cantar. Pero no busqué por ese lado, porque sentía que con la fotografía tenía algo pendiente. Entonces me fui al Foto Club Buenos Aires a tomar unas clases, porque yo quería hacer las cosas bien.

-¿Y las hizo?
-Bueno, me falta aprender mucho, pero aprendí las técnicas básicas que necesitaba. Después del Foto Club, tomé clases durante un año con Reynaldo Padra, un fotógrafo con mucha trayectoria.

-¿Cómo elige los temas para sus fotografías?
-Me gustan los temas que tienen que ver con la tierra, con la naturaleza en su estado más puro. Esos paisajes que la mano del hombre prácticamente no ha modificado. Y al mismo tiempo, me gusta fotografiar a la gente que tiene cosas para contar, que representa un pasado con su existencia.
¿Se oculta o aparece? ¿Se rinde ante la opacidad de las nubes o las vence? La luz, cómplice del ojo del fotógrafo, resalta las siluetas de los cerros. Afirma Orlando Palacio que “la fotografía abre los sentidos, porque permite ver cosas que antes uno sólo miraba, pero que no veía”. (Foto perteneciente a Orlando Pato Palacio)

-¿Eso se puede reflejar en una foto?
-Totalmente, porque si uno fotografía unas manos, por ejemplo, esas manos hablan de la persona. Manos que significan trabajo, años, esfuerzo. Los ojos también dicen cosas. La mirada, en general, es “enseñadora”: no se puede ocultar nada en una mirada, es el reflejo de la persona.

-Usted elige mucho a gente de campo; ¿cómo los convence de dejarse fotografiar?
-Y...no es fácil. Requiere tiempo ganarse la confianza de la gente. Las personas que viven en el campo le tienen mucho temor a la fotografía. Lo que pasa es que cuando uno retrata a alguien, está contando su historia.

-¿En cuánto a la naturaleza, cuáles son sus temas predilectos?
-Me gusta más el atardecer que el amanecer, porque la luz y los efectos que crea el sol son preciosos. El cielo, las nubes, las plantas, los árboles, todo es distinto al atardecer. Por eso prefiero la foto al natural que la foto de estudio o las fotos sociales, para eso me falta mucho por aprender.
El fondo y la forma de la figura humana se combinan en esta composición de lo agreste y lo artístico, en la búsqueda de un claro contraste que se logra con la silueta que rompe la línea del horizonte. (Foto perteneciente a Orlando Pato Palacio)

-¿Utiliza fotografía digital?
-No, prefiero la fotografía mecánica, si bien considero que la digital es una buena alternativa. Con la fotografía mecánica, uno tiene la seguridad de que el resultado es el momento preciso en que uno disparó, mientras que en la digital la toma es más “armada”. Lo que pasa es que si bien la técnica es importante, yo creo que la fotografía también tiene mucho que ver con el sentimiento, con lo que genera mirar esa fotografía. Una imagen genera cosas al que la captura y también a quien la mira, por eso les llamo “pedacitos del alma”.

-Es decir que una foto se puede leer, como si fuera un texto.
-Exacto. La imagen tiene una lectura, pero hay que respetar a quien la lee. Hay que ver qué le dice a quien la ve. A mí me encanta cuando la gente ve mis fotografías y me cuenta las cosas que les provoca, que en muchos casos es lo mismo que siento yo. En una foto, la técnica es importante, pero el sentimiento es fundamental.

-Entonces ¿la prescripción del médico fue acertada, Orlando?
-Sí, seguro. Yo a esto lo hago por placer. La fotografía me abrió los ojos en muchos sentidos: ahora veo cosas que antes miraba, pero no veía. Ahora veo risas, tristeza, alegría, humildad. Y esa es mi terapia.

Como si fuera un espejo, el agua repite la magnitud de lo verde y ofrece a los ojos un doble espectáculo: el árbol, en todo su esplendor, se desdobla sobre el agua logrando una composición que parece una pintura. (Foto perteneciente a Orlando Pato Palacio)
La luz, que todo lo puede, cambia a su antojo las tonalidades del paisaje. Orlando Palacio prefiere el atardecer, porque según dice, las nubes, el cielo y hasta los árboles se ven distintos a esa hora. (Foto perteneciente a Orlando Pato Palacio)
Así como los textos, las imágenes son susceptibles de ser leídas e interpretadas: los paisajes hablan de tiempo, de personas que los habitan. ¿Quién dudaría que esta callecita del campo, con el cielo del fondo, pertenece a un rinconcito de la precordillera sanjuanina? (Foto perteneciente a Orlando Pato Palacio)



Nota publicada en “Tendencias” de “El Nuevo Diario” el 7 de julio de 2006, en la edición 1255.

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