Jueves, 18 de Octubre de 2018      

La casa de los escribanos

ESTABA EN CAPITAL Y EN UNA PARTE FUNCIONÓ LA CÁRCEL DE MUJERES Y SE INTENTÓ HACER LA TERMINAL DE ÓMNIBUS.

La casa de los escribanos. (Foto: Tiempo de San Juan)
Los papeles de la escritura certifican que ya en 1873 la casona estaba en pie. Y desde entonces perteneció siempre a una misma familia estrechamente vinculada a la escribanía durante casi 100 años, los Oro.

La casa de los escribanos. (Foto: Tiempo de San Juan)
Por calle 9 de Julio, metros al Oeste de Güemes, en Capital, la casona de los tres siglos se mantenía de pie, erguida ante el paso del tiempo, soportando desde terremotos hasta expropiaciones que le picaron muy cerca a medida que a Ciudad de San Juan crecía y se extendía. Finalmente, la casa fue demolida para armar un proyecto inmobiliario.

Esa escritura original dice que en 1873 la casona era propiedad de Víctor Modesto Bustos. Tenía dos hectáreas y media, entre las dos casas y las viñas que había, lo que hacía que la propiedad se extendiera hasta lo que hoy es la Diagonal Don Bosco y Brasil.

En 1900, Víctor Modesto Bustos –de profunda fe católica- donó a la Congregación del Buen Pastor 50 metros más la casa contigua a la que hoy está de pie por calle 9 de Julio. Allí funcionó la Cárcel de Mujeres hasta el terremoto del ´44.

Como los papeles de la donación decían que ese espacio debía quedar para los herederos si en el futuro no era usada por esa congregación religiosa, el gobierno expropió esa propiedad contigua para hacer la Estación Terminal de Ómnibus. Luego se cambió ese fin y se decidió donar el terreno al IPV, donde se levantaron lo que hoy son los edificios 9 de Julio.

Esa familia son los Oro, un apellido vinculado a los primeros escribanos de San Juan. Fue don Cirilo Rogelio Oro el primero en recibir ese título, en diciembre de 1917, cuando lo adscribió don Diego Yun. Desde entonces y hasta ahora siempre en esa familia hubo un escribano. Incluso, el último dueño de la tradicional casa de la calle 9 de Julio fue el escribano Guillermo Rogelio Oro.

Don Rogelio Oro supo tener su escribanía en esa casona. Eso fue entre 1944 y 1952, la cual funcionó en las habitaciones que dan al frente, cuyas ventanas con sencillos arcos en la parte superior, custodiadas con rejas labradas a mano, es uno de los datos arquitectónicos que la hicieron única.

La casa de los escribanos. (Foto: Tiempo de San Juan)
La casa de los escribanos. (Foto: Tiempo de San Juan)
La casa de los escribanos. (Foto: Tiempo de San Juan)
La casa de los escribanos. (Foto: Tiempo de San Juan)
La casa de los escribanos. (Foto: Tiempo de San Juan)
La casa de los escribanos. (Foto: Tiempo de San Juan)
La casa de los escribanos. (Foto: Tiempo de San Juan)
La casa de los escribanos. (Foto: Tiempo de San Juan)
La casa de los escribanos. (Foto: Tiempo de San Juan)
La casa de los escribanos. (Foto: Tiempo de San Juan)
La casa de los escribanos. (Foto: Tiempo de San Juan)


Fuentes: tiempodesanjuan.com – Publicado el 13 de mayo de 2018
Redacción periodística: Gustavo Martínez Puga – Fotografía: Archivo Tiempo de San Juan


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