Viernes, 21 de Septiembre de 2018      

TIENEN ENTRE 18 Y 30 AÑOS

"Generación Y": un nuevo estilo de trabajo

Los jóvenes de hoy impulsan un nuevo esquema de trabajo basado en la autonomía y la flexibilidad. No creen en “ponerse la camiseta” de una empresa para toda la vida, valoran el aprendizaje de la movilidad y no quieren postergar sus sueños por la profesión.

Empezar desde abajo, pagar derecho de piso y ponerse la camiseta. Las frases que formaron a varias generaciones ya parecen no tener el mismo sentido. Según estudios sociológicos, los jóvenes que hoy tienen entre 18 y 30 años no quieren repetir el recorrido de sus predecesores: trabajar todo el día para ganarse un lugar y entregar la vida a una misma empresa.
Quizás porque crecieron viendo cómo sus padres perdían sus ahorros en las sucesivas crisis, después de haber guardado fidelidad a una misma compañía. O porque el mismo sistema se flexibilizó a tal punto, que los únicos contratos a los que acceden son temporales. La globalización, la especialización tecnológica y el corrimiento de la edad para formar vínculos estables… todos son señalados como factores que conducen a un mismo fenómeno: el nacimiento de la “Generación Y”.
Acuñado por algunos sociólogos para distinguirlo de la Generación X (que define a quienes hoy tienen entre 35 y 45 años), el término “Generación Y” está en boca de todos. No sólo los teóricos estudian su comportamiento. También los empresarios intentan desentrañar las conductas de los nuevos trabajadores, que quieren imponer un diálogo abierto con sus jefes. Esta tendencia también crece en San Juan, donde tanto empleados como empleadores hablan de un cambio que, para bien o para mal, “habrá que aceptar”.

Estudios para entender a los “millenials”
Nativos digitales, los jóvenes denominados “millenials” son rápidos y creativos pero no tan dóciles como sus antecesores. ¿Cómo explotar el talento de esta generación, que está dispuesta a renunciar si no se cumplen sus expectativas? Esa inquietud predomina en distintos círculos, que encargan estudios para resolver el tema. Es el caso del análisis que realizó la empresa de opinión pública Ipsos, a pedido de un grupo de empresarios y directivos de Recursos Humanos. La Universidad Argentina de la Empresa (UADE) también emprendió la tarea de estudiar a los “Y”.

Según los sondeos, el trabajo marca la mayor diferencia entre los X y los Y: “Un X se define por su trabajo y a través de lo que hace. Para un Y, el trabajo es lo que le permite llegar a lo que quiere, que suele ser la libertad personal y el placer” dice el estudio de Ipsos. Sin embargo, las investigaciones advierten que esta descripción no abarca a todos los jóvenes sino especialmente a los más capacitados y especializados en tecnología. Para los de menores recursos, la estabilidad sigue siendo prioritaria porque no pueden darse el lujo de probar.

Códigos y valores
-Antes que la estabilidad laboral, valoran el aprendizaje que otorga el cambio.
-Defienden su tiempo libre y por lo general no quieren quedarse después de hora.
-No temen renunciar si un trabajo no satisface sus expectativas.
-No quieren pasar su vida en una misma empresa.
-No les interesa acumular bienes sino la experiencia del consumo.
-La tecnología es fundamental en sus vidas, tanto para trabajar como para comunicarse y divertirse.
-Buscan viajar y concretar sus sueños, a los que no postergan por una carrera profesional.
-Dilatan la decisión de irse a vivir solos y formar pareja.


MARCELO DELGADO, CO-PROPIETARIO DE UN BROKER DE SEGUROS
“Son más prácticos y valoran la autonomía”

-¿Cómo evalúa la actitud laboral de la nueva generación?
-Para esta generación, estar en un ambiente agradable de trabajo no tiene precio. Uno de sus mayores valores es la autonomía y a medida que van aprendiendo, van marcando su propio camino. Los adultos suelen pensar que no quieren trabajar pero no es así. Se trata de una forma diferente de encarar la vida. Son mucho más ecológicos, prácticos y prefieren ganar en tiempo propio.

-¿Le parecen positivos estos cambios?
-Rescato a esta generación porque tiene un criterio de utilidad de las cosas y no de propiedad. Se casan más tarde y no se desviven por tener la casa propia como antes. No se obsesionan por acumular bienes como la generación anterior. Es una gran oportunidad para que el mundo incorpore estas buenas prácticas. Pero también creo que más allá del disfrute, los jóvenes deberían tener cuidado en no caer en la falta de interés por la vida, a la que hay que darle un sentido.

-¿Ha experimentado estos casos en sus cargos de conducción?
-Sí. Tengo una empleada de 23 años a la que hace poco le ofrecieron duplicarle el sueldo en otro trabajo. Me sorprendió porque no quiso aceptar. Me dijo que en este trabajo tenía ciertas libertades que no quería resignar. No lo hace por comodidad porque es muy trabajadora sino porque prioriza la flexibilidad de horarios, que le permite hacer deporte y otras actividades. También me explicó que aquí tiene más posibilidad de crecer en lo que le gusta.

FRANCISCO PALADINI, EMPRESARIO PASERO
“Este fenómeno molesta a las empresas"

-¿La nueva generación impone nuevas reglas laborales?
-Sí, como empresarios observamos la falta de continuidad que hay en el trabajo. Antes se valoraba el crecer en una misma empresa mientras que ahora el valor es el cambio. Los jóvenes que tienen mayor movilidad son los que tienen una buena capacitación y dominio de la tecnología. Cambian de trabajo en función de su desarrollo personal aunque una vez que ingresan no le restan voluntad. Hay que aceptar este cambio porque esta generación no es mejor ni peor: es distinta.

-¿Cómo toman las empresas este fenómeno?
-Genera un problema porque la formación del personal implica una inversión de tiempo y dinero, que no tiene sentido si hay que cambiar de equipo permanentemente. En San Juan la mayoría de las empresas son pymes que no cuentan con un gerente de relaciones laborales y los que hacen la selección son los mismos jefes. Si hay un recambio continuo, hay un gran desgaste. Pero es un fenómeno que hay que aceptar aunque moleste mucho desde el punto de vista empresarial.

-¿Es un fenómeno local o internacional?
-Es una tendencia mundial porque toda la sociedad está tendiendo a un bienestar general. Todos quieren más tiempo para su vida personal y no creo que sea malo. En San Juan también influye la mayor oferta de trabajo y la minería, que genera más movilidad con mejores sueldos. También está relacionado a una educación distinta. Nosotros fuimos educados para respetar a rajatabla a la autoridad y los jóvenes de hoy no se someten a lo que no les gusta.


SARA VALENZUELA, SOCIÓLOGA ESPECIALIZADA EN ESTADÍSTICA
“El problema es la precarización laboral”

-¿Qué piensa de la definición de los jóvenes como “Generación Y”?
-No acuerdo con que los jóvenes sean “Y” porque la constitución de estas categorías deja de lado factores vinculados a la historicidad de los procesos. Las relaciones de trabajo no dependen de las acciones particulares de los jóvenes como grupo. Están dadas por las condiciones estructurales de la economía y la sociedad. A partir de la caída del muro de Berlín, el mundo comenzó a globalizarse, se produjo un gran avance tecnológico y el sistema empezó a ser regido por las corporaciones.

-¿Qué consecuencias ocasionó este quiebre?
-Trajo una nueva forma de organización social. La flexibilidad que hoy existe en las relaciones laborales está relacionada a un contrato de trabajo diferente. Mi generación podía elegir un trabajo único porque tenía perdurabilidad. Pero hoy hay una gran precariedad laboral y ya no existe el trabajo único que daba beneficios para toda la vida. Antes el trabajo daba identidad y agregaba valor a la economía. Pero en esta etapa del capitalismo especulativo y financiero, el valor trabajo es mínimo porque la tecnología suplanta a las fuerzas productivas.

-¿Entonces los jóvenes no eligen esta movilidad permanente?
-El aparato productivo ofrece contratos flexibles y por eso los jóvenes no eligen caprichosamente cambiar de trabajo: no les queda otra alternativa. Se adaptan a un sistema que no les proporciona garantías. Hay un conglomerado de jóvenes que migra buscando oportunidades. Si no se define otro modo de vida laboral, desde la política y la educación, seguiremos con el mismo sistema y con las mismas dificultades.


MARIANA RODRÍGUEZ (28), LICENCIADA EN COMERCIO INTERNACIONAL
“No quiero pasar cinco años haciendo lo mismo”

En el año 2006, Mariana Rodríguez se recibió de licenciada en Comercio Internacional en la Universidad Católica de Cuyo y se fue a vivir a Buenos Aires con una pasantía en una consultora de comercio exterior. Más tarde b en importantes empresas y no dudó en cambiar el rumbo cada vez que sintió que había cumplido un ciclo. “Valoro la posibilidad de capacitarme en el exterior y trabajar aunque sea un día desde mi casa” explica.

-¿Cómo empezaste tu carrera en Buenos Aires?
-En la primera empresa que trabajé me quedé sólo un mes porque el sueldo no era bueno. Después fui analista administrativa junior en una empresa en la que aprendí mucho. Pero era una firma chica familiar en la que no podía crecer así que al tiempo renuncié y me puse a trabajar de camarera en hoteles hasta que entré a Hewlett-Packard. Ahí fui analista semi-senior de Aduana y estaba feliz. Pero luego vi que no tenía muchos beneficios y no iba a poder capacitarme afuera como quería. El sueldo se estancó y el trabajo se tornó monótono. Me terminé cansando porque no era desafiante a nivel intelectual.

-¿Renunciaste?
-Sí. Mientras tanto había hecho un curso de despachante y eso me sirvió para entrar a multinacional en la que estoy ahora. Estoy contenta pero sigo anhelando un trabajo que me permita viajar y tener otros beneficios. No me gusta estar cinco años haciendo lo mismo. Para mí el mercado laboral es como un buffet en el que existen distintas opciones y pruebo para ver cuál es la que más me satisface. La estabilidad es relativa porque las empresas van y vienen y esta es la etapa para cambiar porque no tengo hijos. Tampoco se puede estar rotando para siempre porque después no te quieren contratar. Ahora sí tengo ganas de “casarme” con un trabajo que me permita crecer.


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