Lunes, 20 de Agosto de 2018      

ROGELIO MUÑOZ

Rogelio Muñoz: "Son los padres los que tienen que encargarse de sus hijos, no el Gobierno"

El empresario sostiene que hay que cambiar la norma que regula la venta de alcohol, que falla la educación y que las fiestas privadas son competencia desleal porque no están controladas.

Rogelio Muñoz se dedica a los boliches desde hace 42 años y afirma que el mayor problema con los chicos es de educación.
Con sólo 21 años inauguró uno de los boliches más emblemáticos de San Juan, Sortilege. Posteriormente, fue pionero en instalar otro en Marquesado, que lleva su nombre de pila y que por ahora está cerrado.
Rogelio Muñoz, que de él se trata, fue testigo de todos los cambios de conducta de los jóvenes a lo largo de 42 años y con esa autoridad es que hoy asegura que “los padres les transfirieron al Gobierno” la responsabilidad de cuidar a sus hijos en la noche, cuando el alcohol, y en los últimos tiempos la droga, los hace ser protagonistas de lamentables accidentes o violentas grescas a la salida de los boliches. Para el empresario, la ley seca no dio resultado porque de nada sirve prohibir, sino que se debe contener.

— Hace 42 años que inauguraste tu primer boliche, Sortilege, ¿Qué cambios viste en este tiempo con respecto a la conducta de los jóvenes?
— Los cambios son lamentables. Por qué digo lamentables, porque, por ejemplo, como consecuencia de un accidente en la famosa curva de Rivadavia, hubo una comisión de padres que salió a pedir al Gobierno que cuidara a sus hijos. ¡Son los padres los que tienen que hacerse cargo de sus hijos! Ellos son los responsables de la educación, de la formación y de lo que sus hijos hacen mientras son menores. Los padres le transfirieron al Gobierno la carga, la responsabilidad.

—¿Ese es el cambio más fuerte que observaste: la falta de responsabilidad de los padres?
— Al transferirle la carga al Gobierno éste hizo un diagnóstico: ¿Cuál es el problema? “El alcohol”. No, no es el alcoholismo. El problema es la falta de educación. Si a mí me gusta beber, no tengo que conducir. Tengo que saber cuáles son mis límites. Yo creo en las libertades individuales y no creo que a través de un decreto se puedan cercenar esas libertades.

— Pero se habla de adolescentes, no de adultos. ¿Qué factores te parece que determinan esta nueva conducta de los jóvenes hoy en los boliches, donde abunda el alcohol y la violencia, por ejemplo?
—Son factores concurrentes. La falta de educación, la falta de responsabilidad de nosotros como adultos, que no los sabemos educar o los educamos mal. Nos falta tiempo para trabajar, tenemos que trabajar más fuera de la casa, esto hace que no nos ocupemos de la crianza de nuestros hijos. La escuela les imparte los conocimientos, los padres somos los responsables de educar. Si los chicos ven que un ídolo consume drogas, piensan: Si les va bien, ¿por qué no puedo hacerlo yo? Como les falta educación, se meten en el problema y después vienen las consecuencias.

— Esto no se da de un día para el otro, ¿cuándo comenzaste a notar los cambios?
— Al principio, comencé a notar que la gente pedía alcohol en demasía. Antes a los boliches se concurría en pareja, pero cuando surgió la moda de las confiterías bailables los jóvenes comenzaron a ir solos. Para enfrentar esta problemática que es encarar, tomar contacto con… pedían un traguito y otro… Se desinhibían y eran los galancetes. Los “Gardel” que ganaban todo. Pero se transformó en una costumbre. Y si aparte vemos que los ídolos lo hacen, por qué no los chicos.

—Fuiste precursor en pedir el control desde el Estado sobre el tema del alcohol.
—Cuando no existía aún la ley, hablé con Eduardo Baliña, que en ese momento era diputado y le dije: “Hay que hacer algo”. La droga no existía todavía en San Juan como ahora, y el primer paso para la droga es el alcohol. Le expliqué cuál era para mí la base del problema y se redactó un anteproyecto de ley en el que se empezaba a conversar de la problemática del alcohol. Yo les pedí que por favor no fueran a prohibir, porque a mí la experiencia me dice que todo el mundo transgrede las prohibiciones. Y justo lo que yo creí que no iban a hacer, lo hicieron: prohibieron el consumo de alcohol desde tal hora a tal hora. Salió la ley seca (NdelaR: en el 2001).

—A esa altura ya varios bolicheros se habían puesto de acuerdo…
—Sí. Había una ley consensuada entre bolicheros y diputados, pero hubo un problema a la salida de un boliche y uno de los legisladores era pariente de uno de los damnificados, nos dieron con un caño. Pero ahora estamos pagando las consecuencias: como los boliches están muy controlados, nacieron las fiestas privadas. Y ahora se vienen los after hours, que
trabajan hasta las 10.

—¿Acá ya hay after? Lo que se ve en Buenos Aires es preocupante.
—Sí, ya hay algunos trabajando. Lo que es lamentable es las peleas entre las barras de clubes. Son grupos de 10 o 12 que comienzan con palabras y terminan en piñerío, tal cual como vemos en Buenos Aires. Es como la violencia en el fútbol, pero acá se ve a la salida de los boliches.

—¿Y cómo se hace para controlar eso ahora?
—Hay que revertir lo que está mal. Si cuando los boliches funcionaban con horario amplio esto no pasaba, volvamos a eso. Si era lo que daba resultado, a pesar que algún legislador creyó que era malo. No era malo, dentro de los locales los jóvenes están controlados. Si la famosa Ley Seca no funcionó habrá que volver atrás, digo, creo. Es mi criterio.

— ¿Cuál es tu opinión al respecto?
—Tienen que permitir que funcionen los boliches que estén controlados. En el boliche que tengo en Marquesado es bastante considerable la cantidad de adicionales de Policía que trabajan para garantizar la seguridad de los chicos. A los boliches van los menores y todos lo sabemos. Y cada vez baja más la edad, porque los padres los educamos así. Hacemos un cumpleaños de 15 para introducir a nuestras hijas en la sociedad, y van los de 15, los de 18 y los de 12, pero qué pasa cuando esos chicos no tienen una fiestita. ¿A dónde van? Quieren ir a bailar a un boliche y no pueden entrar, y quedan en la calle. Es tremendo eso. No hay conciencia de lo que pasa. Nadie se da cuenta de ese problema.

— Antes había matiné.
—Los chicos no quieren ir a los matiné. No quieren que se los discrimine.

— No quieren ser adolescentes, quieren ser grandes…
—Claro, quieren estar con los de 18, los de 20…Y van y entran a los boliches. ¿Cómo hacen? Tirilla, documentos que no son de ellos y les cambian las fotos. Es difícil controlar uno por uno en la puerta del boliche cuando hay mucha concurrencia. Pasa que el legislador es muy buen legislador pero no sabe de la realidad de lo que pasa en la noche.

—Antes, un padre tenía que llevar y traer a sus hijos porque no había remises y cuando cumplían 18 años, los chicos tenían que rogar que les prestaran el auto para ir a bailar, ahora es diferente…
— Es así. El padre es responsable, pero para la ley no. La Policía llega a un boliche, encuentra a tres menores, los saca, los lleva a la seccional y los deposita allí. No sirve, es malo. No podés llevar a un chico a una seccional policial…

—Aquí hay otro problema, que es la falta de una legislación que ampare a los menores en ese aspecto. Si un menor tiene tres entradas a una comisaría, ya tiene un prontuario…
— La ley es mala. A ver, un chico de 17 años está autorizado para manejar, pero no puede entrar a bailar a un boliche. ¡Tiene un arma en la mano que conduce y no puede ir a bailar! Un adolescente que sale de su casa corre todos los riesgos. El padre que dialoga con su hijo, le abre los ojos. Ahora, si los padres quieren una ley que proteja, eduque, críe a nuestros hijos y les diga qué hacer, no es así… El bolichero brinda esparcimiento, somos los continuadores de los clubes, del bailecito del fin de semana. Yo vendo un servicio y mientras más vendo mejor, pero hablo de chicos no de tragos porque no me sirve un chico alcoholizado. En los boliches el trago siempre fue carísimo.

—Pero ahora hay canilla libre, fiestas auspiciadas por bebidas que se entregan free…
- Eso es por la competencia, pero de los bares con los boliches. Los bares son mini boliches, donde una cerveza vale 4 pesos y en un boliche, 10. La elección de los chicos es ir a los bares y luego, a los boliches. Los menores van a seguir entrando a los boliches con ley o sin ley. No se puede ir contra natura. Cuando la Policía llega al boliche y encuentra menores, clausura el boliche. Fijate la grosería de este acto. Nuestra Constitución dice que todos tenemos derecho a defensa en juicio, pero la Policía te sentencia en el acto porque te cierra y deja a un montón de chicos en la calle. Y el juez te condena a pagar por haber dejado entrar a menores.

—Bueno, alguien dejó entrar al menor…
—El policía que controla en la puerta y que tiene derecho a pedir documentos, no yo. Por eso ahora desde el sector queremos lograr algunos cambios en la ley y presentamos un anteproyecto antes de las elecciones.

—¿Qué buscan?
—Que nos permitan a nosotros, que estamos organizados y que sabemos manejar la noche, que seamos competencia con aquellos que no lo saben hacer y que brindan lo que nosotros no podemos: que ingresen menores. Eso pasa en las fiestas privadas, que no tienen ningún tipo de control. Los mensajes de celulares son increíbles: “está espectacular”, “eso no sirve, venite acá”. Que no me digan que los bolicheros somos culpables de esto. Dejemos que se ejerzan las libertades individuales y hagamos que las leyes se cumplan. No matemos al cartero.




Nota publicada en El Nuevo Diario el 14 de agosto de 2009.

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