Lunes, 16 de Septiembre de 2019      

EDIFICIOS QUE INCORPORARON ESCULTURAS DE CERÁMICA O PINTURAS EN SUS ESTRUCTURAS

Las paredes se visten de historias

Personajes, hechos y costumbres del pasado o del presente de San Juan realzan construcciones públicas y privadas. Hay al menos dos empresarios que decidieron hacer un aporte a la cultura a través de sus murales con la complicidad de los artistas locales. Ambos se sienten orgullosos de estas verdaderas obras de arte y le propusieron al municipio de la Capital buscar un modo de incentivar a que otros los imiten. En la provincia hay más de 30 murales dispersos en construcciones diversas.

No es algo nuevo. Ni tampoco una creación exclusivamente sanjuanina. Dicen los que saben del tema que el muralismo surgió en Europa, llegó con los colonizadores a México (dónde tuvo un auge impactante y muy fructífero) y así se diseminó hasta llegar a estas tierras. Una recorrida por la ciudad de San Juan y sus alrededores deja como saldo más de una treintena -quizás más- de estas expresiones artísticas que usan como soporte una pared y que tienen por objetivo dos grandes metas: ganarle al paso del tiempo y narrar una historia a través de esculturas en sobrerelieve o pinturas en el cerámico. Por supuesto, su mayoría están en la Capital pero también pueden verse hermoseando algunas construcciones públicas y privadas en Albardón, Rivadavia, Santa Lucía. Son la mejor prueba de que algunos edificios de la provincia adoptaron los murales como aporte cultural a una arquitectura que no sólo tiene que respetar lineamientos antisísmicos sino que puede ser "un gusto a la vista".


Cuando las vías tenían vida. Los personajes cotidianos en cualquier estación de tren: el guardia que no deja de mirar el reloj, una familia, alguien que despide a un viajero, otros empleados del ferrocarril, personas cargadas de paquetes, hasta un perro que se cruza delante de una locomotora a vapor, quedaron plasmados en un nuevo edificio ubicado en España al 493 (norte). Esa es la imagen que rescató Hugo Vinzio tras largas charlas con el constructor del Edificio Parque, Julio Gamerman, que no sólo quería hermosear la pared lateral de sus departamentos (sólo se puede ver desde el interior) sino además rescatar esas representaciones que guarda de su infancia cuando viajaba a ver a su zeide (abuelo en idish) hasta Rivera, en la provincia de Buenos Aires. "Es mi modo de revalorizar el tren, un factor de desarrollo de los pueblos que desgraciadamente las nuevas generaciones no conocen", argumenta. Ese mural se complementa con otro en el mismo edificio, que sí puede verse desde la calle y es una pintura sobre cerámicas que muestra una escena del Parque de Mayo. Esta pintura "tapa" las puertas del gas de cada departamento.




Hay murales que ya tiene sus años y por supuesto un historial en su haber: el primero que se hizo en la provincia fue un mapa gigante que todavía por estos días luce intacto en la estación de servicios frente a la plaza de Trinidad. Es de 1950 y su hacedor fue Mario Vinzio, un artista que dejó muchas huellas en este sentido, especialmente la herencia en su hijo Hugo, quien hoy es prácticamente el autor de casi todos los murales que se levantan en la provincia.

Espacios/ Testimonios en el ladrillo El último en estrenarse. Está en un edificio en calles 9 de julio y Catamarca, en Capital. La inspiración de Hugo Vinzio llegó con un poema escrito por su hermana: "El agua de la siesta". El artista le puso imágenes y color a las palabras que entre otros paisajes sanjuaninos describe las típicas acequias, los pájaros, una grieta, la sequedad después de la hora del almuerzo, la piedra, la sed de la tierra. El edificio está ocupado desde hace apenas una semana y el mural luce flamante para sus ocupantes, sus visitas o eventuales transeúntes de la zona. Este es el último de los 19 edificios de la firma Pignatari que tienen murales como sellos distintivos. Cada pared pretende reflejar un aspecto típico de la provincia y de quienes viven en ella.

Vinzio padre también construyó con sus manos, en la misma época, la Bandera de los Andes y el Escudo de San Juan en el ingreso del RIM 22, otro en una de las paredes del Centro de Creación de Artes Plásticas de la UNSJ, uno más en el viejo Casino y otro en un pasillo de la Secretaría de Turismo que las obras de remodelación de después de los "90 sepultaron para siempre. De su autoría también es el de la estación de servicios de la "esquina colorada" en Rivadavia, el de Posta Chacrita, el salón de eventos frente al Aeropuerto (que se terminó de colocar cuando Vinzio ya había fallecido) y un logo que la municipalidad de Albardón tuvo guardado por más de 30 años y que ahora desempolvó para darle la bienvenida a quien concurra a su flamante sala de teatro (que todavía no se inaugura).

Un hombre y una mujer, la leyenda del Viento Zonda. Una de las paredes exteriores de uno de los edificios vecinos al Estadio (por calle San Luis y Ramón y Cajal) cuenta una de las tantas versiones que hay sobre esas oleadas de viento caliente y cargado de tierra que tanto caracterizan a San Juan. Incluye un juego de agua y piedras que se trajeron tanto de Zonda como de Ullum. Hay dos personajes: un hombre (Pie de Palo) y una mujer (Zonda) que escapan del mandato del rey. Los soldados en la persecución se convierten en cóndores que al mover sus alas levantan el polvillo de la tierra. Los amantes, en cambio, se vuelven guanacos. Finalmente los encuentran y los condenan a ser montañas del Valle de Tulúm. "Es una historia de amor fallida, que mantendrá para siempre a los amantes separados por las aguas del río San Juan. Eso es lo que quise representar", explica el autor.


Es contemporáneos a estos murales el de la galería Provincial que fue realizado por Mariano Pagés en los "50. Luego vendría el de la Legislatura que se encargó a Miguel Angel Sugo, entre otros tantos buenos ejemplos que se pueden admirar a simple vista.

Más allá de estos murales, hay una nueva tendencia que data de los últimos años, con la que se pretenden engalanar y diferenciar los edificios a través de una narración visual con un fuerte tinte local. Quien sin lugar a dudas llevas la delantera en esta tendencia es Savino Pignatari, el dueño de los edificios Tulúm, entre otros. Bajo su mandato se hicieron exactamente 19 murales, uno en cada una de las construcciones que encara para comercializar como emprendimiento propio o para terceros. "Lo primero que hice fue hacer un cartel de cerámica con Hugo Vinzio, a quien conozco desde la escuela. Y me gustó tanto lo que hizo que le propuse hacer algo más grande. Eso fue en 1995 y desde entonces a la fecha todos los edificios que surgen, nacen con un mural como parte de la estructura. Entonces nuestra primer construcción propiamente dicha con un mural es el de la Federación de Viñateros que como no podría ser de otro modo, tiene cosechadores, viñedos, uvas, etc. Hay muchos sanjuaninos que al día de hoy no lo han visto. Y es una pena porque como ese hay en cada uno de mis edificios, una verdadera obra de arte", dice orgulloso, Savino Pignatari, quien no conforme con su récord va por más: para dos terrenos dónde hay en un caso las primeras excavaciones (en Sarmiento y Laprida en lo que será llamado edificio Carrascal) y en el otro, apenas los primeros trazados en un plano (será un edificio en Ignacio de la Roza y España), ya tiene sus temas para futuros murales que los distingan.

Un recuerdo dorado. La pintura sobre los azulejos en la esquina de Urquiza y San Luis invita a rememorar al San Juan de antaño que supo tener cosechas de trigo y decenas de molinos funcionando. El edificio es de Savino Pignatari y la obra artística de Hugo Vinzio. No es el único edificio dónde se quiso retratar las riquezas y valores del pasado. Hay otro (Laprida y España) que es un homenaje a la educación y al libro en nombre en Julieta Sarmiento.

"Creo que va a llegar un momento en que nos van a faltar temas. Ya hemos homenajeado al Viento Zonda, al agua, a la siesta, a la educación, a la vitivinicultura, a Buenaventura Luna, al inmigrante, al cóndor, al sol de San Juan. De todos modos, siempre hay un leiv motiv para contar quienes somos y de dónde venimos. Es sencillamente un aporte a la cultura de la ciudad y a nuestros edificios que deben ser por seguridad tan estructurados y rígidos", agrega.

Con la letra de Don Buena como sustento. A partir de un poema de Eusebio Dojorti, Vinzio (hijo) se inspiró en estos caballos. Se los puede ver en el edificio levantado en Urquiza y Central, propiedad de Pignatari, que es un admirador de la poética del jachallero, por eso le han servido de fuentes de inspiración.


De todos modos, Pignatari no está solo en su afán por hermosear la ciudad. Hay un empresario más en el rubro de la construcción que aunque poco experimentado en el tema, también quiso diferenciar su primer (y único) edificio hasta el momento, con un relato hecho en la pared. Es Julio Gamerman, más conocido por su pasado textil que por su incipiente incursión en los negocios de ladrillos, pero también un fanático de las esculturas en las paredes. De hecho, quedó tan conforme con su primer obra que ya está buscando materiales para una segunda idea concebida desde las bases de un segundo edificio.

El Valle de Tulúm y Sarmiento. El edificio de avenida Libertador casi Sarmiento, también construido por la empresa Pignatari, tiene un mural en cerámica esmaltada de gran simbolismo. Es que ese terreno perteneció a Doña Paula A.de Sarmiento y luego fue donado a la Casa del Maestro. Por supuesto que el tema alusivo debía ser Sarmiento. Así nace la idea que su narración visual estuviera vinculada a él y al Valle de Tulum. La obra fue encargada a la ceramista Silvia Inés Pereira de Yanzón, quien aprovechando la orientación Este - Oeste de la pared, tomó como punto de partida un sol naciente hasta llegar al poniente. Utilizó el estilo neo-cubista para mostrar una secuencia en la que conviven las manos de Doña Paula, el telar, la higuera, los viñedos, cosechadores, el órgano del auditorio y hasta el mismo Sarmiento leyendo.

Coincidentemente ambos contaron con la mano maestra de Hugo Vinzio, quien reconoce que a través de los murales "se puede contar muchas costumbres y tradiciones que los más jóvenes desconocen y así aportar un granito de arena".

"Uno puede hermosear su obra con lo que quiera: mármoles, espejos, yo quise algo alusivo al lugar dónde está el edificio como el parque y la zona de la ex Estación Belgrano y que a la vez, hablara de algo que tuvo valor para mi familia. Para mí de chico los trenes eran parte de una odisea para llegar desde San Juan hasta Rivera, dónde vivían mis abuelos. Hacíamos tres o cuatro transbordos, cargados siempre de varios bultos con comida. La estación de trenes era el paseo obligado de los domingos, entre otros recuerdos de la infancia. Si hasta mi esposa llevó especialmente a mis dos hijos en tren para que conocieran lo que era. Al cabo de unos años ya dejaron de andar y se perdió toda su mística y su valor de haber unido al país, de haber sido un medio de contacto con el resto del mundo y como si fuera poco, de haber sido puntal para el crecimiento de los pueblos", explica Gamerman respecto de su "loca" decisión por poner una escena de la estación de tren en una pared interna del Edificio Parque, justamente ubicado frente a la ex Estación Belgrano y a metros del Parque de Mayo.

Para este empresario, los murales (en su edificio de 21 departamentos hay otro pintado al ingreso) ubicados en espacios de acceso público tienen un gran sentido: "no sólo sirven para vestir las paredes sino además para dejar algo para los demás. Yo siempre les digo a mis hijos, yo me voy a morir, pero este edificio va a quedar en pie y quien pase por aquí va a admirar esta obra del tren aunque jamás haya viajado" hace referencia a la construcción que se levanta en España casi Jorge Newbery que se estrenó hace poco más de 6 meses.

Una fachada diferente. Miguel Angel Sugo (padre), fue el autor del gigantesco mural ubicado en la ahora fachada de la Legislatura provincial. La obra data de 1952 cuando ese edificio era un hotel sindical. Las dimensiones sobrepasaban las capacidades de aquel momento por lo que Sugo debió hacerlo como si fueran partes de un rompecabezas y llevarlos a la cerámica San Juan para su horneado. Sus personajes simbolizan la pujanza industrial, los orígenes, los inmigrantes y todo aquello vinculado a las actividades locales.


La fuerza del trabajo. Durante la gestión de Oscar Bernal en la Subsecretaría de Trabajo surgió la idea de convocar alumnos de diferentes carreras para remodelar el edificio de calle Santa Fe casi Entre Ríos e incorporar murales. Dos en el interior y otro en la fachada que es el más conocido. Karla Mena y Lorena Carbajal fueron las autoras de este último y Celina Pérez del ubicado en la sala principal de reuniones. En el frente están representados los oficios tradicionales y originales de la provincia vinculados a la cosecha, a la cestería, entre otros. También aparece un niño y un hombre, un artista, un collage de dibujos de ambas artistas que fueron plasmados en esa pared.


Efecto contagio

Justamente esta semana, Pignatari le llevó una propuesta al intendente de la Capital, Marcelo Lima, para incentivar buscando que otros lo imiten. "Creo que es un mimo que se le hace a la ciudad y a la cultura, no sólo un capricho mío por la admiración que siento por los artistas plásticos locales. Me encantaría que otros constructores pudiesen incorporarlos en sus proyectos y que se tome como señal distintiva de la provincia. En definitiva son pequeños detalles pero que hacen lucir distinto y sobre todo, hablan de identidad y amor por la tierra dónde se vive. Para eso hay que incentivarlos por medio de una excensión de impuestos a la construcción, como ocurren en otros puntos del país. De hecho, hay una ley nacional, conocida como Ley Brandoni que habla de mecenazgo. Es una iniciativa interesante pero un poco complicada de llevar a cabo. Estoy seguro que de concretarse, los edificio se verían distintos, cobrarían otra vida", sugirió.

Otra idea del constructor para darles valor es armar con todos los edificios públicos y privados que tengan una obra de arte en sus paredes, una especie de "ruta de los murales" que no sólo los sanjuaninos puedan visitar sino que tenga su debida señalización para que sirva como paseo cultural para los turistas.

Ambas iniciativas, según relata el constructor, fueron aplaudidas por el intendente, quien se comprometió a estudiarlas para darles forma de proyecto de ordenanza. Mientras tanto, el municipio a su cargo tiene de antemano su propia idea respecto de los murales: en septiembre próximo van a lanzar una propuesta para que en cada barrio de la Capital haya un mural. Para eso, le sugerirán a los vecinos utilizar como base las paredes de algún espacio compartido o las de baldíos. Ellos serán, con el asesoramiento técnico de una artista plástica, los que le pongan colores y formas, para convertir el conglomerado de ladrillos en un diseño de autor comunal, digno de considerarse una obra de arte.



Palabras de expertos

Para el arquitecto Eduardo Grizas, un experto en patrimonio arquitectónico y cultural, "los murales se están convirtiendo en un símbolo cuyano. No hay otras partes del país dónde se traten con tanta identidad y con tanto nivel como aquí. Por supuesto que existen y muchos en La Boca o en Córdoba, por ejemplo, pero en su mayoría son murales con pinturas y no sobrerelieves de cerámica como vemos y por suerte cada vez con más frecuencia en la provincia. Lástima que ninguno de ellos tenga un resguardo patrimonial. Ojalá todos, los más grandes y las nuevas generaciones, podamos valorar estas verdaderas obras de arte, que le dan una riqueza a las obras de arquitectura y que nada tienen que envidiarle a nuestros antecesores europeos (como los miles de ejemplos que hay en toda Europa, desde la Capilla Sixtina en adelante) o el estilo mexicano que tiene una larga tradición".

Por su parte, Hugo Vinzio dice que cada vez que se plantea un mural tiene en cuenta dos facetas: "tiene que eternizarse en el tiempo por lo tanto no se pueden dañar los materiales que se usen (por ejemplo a la pinturas no las puede quemar el sol) y debe contar una historia de este lugar. Los murales tienen una gran sutileza en este sentido porque están en espacios dónde no sólo los puede apreciar quien vive en el lugar, sino el eventual transeúnte. Y esto es de gran valor para San Juan, una ciudad que no tiene pasado porque lo destruyó el terremoto. Es, de algún modo, eternizar la historia", resume.

Fuente: Diario de Cuyo. Domingo, 9 de Mayo de 2010



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