Sábado, 23 de Junio de 2018      

La casa precaria

Por:
Isabel Gironés de Sánchez

1942 - El mensaje del gobernador Pedro Valenzuela ante la legislatura en 1942. Al lado del mandatario aparece el vicegobernador Horacio Videla. Valenzuela creó la Dirección Provincial del Hogar Obrero.
Fueron otra pesadilla de los gobernantes progresistas. Debido a la situación anteriormente planteada la ciudad de San Juan se vio matizada por el surgimiento de "villas", sin infraestructura ni planeamiento, surgidas por loteos particulares de lo que anteriormente habían sido terrenos de labranza o viñedos atacados por la plaga de filoxera. La capital se vio rodeada de loteos, que se vendían a bajos precios y con facilidades, tentando a muchos asalariados a buscar terrenos para la construcción de la casa propia.

La soñada casa, en la mayoría de los casos, no llegó a ser más que una vivienda de dos o tres ambientes de adobe y cañas por falta de recursos o posibilidades de créditos para tal fin. Viviendas precarias, en espera de tiempos mejores para construir la definitiva, que se eternizaban en el tiempo constituyendo un rancherío carente de los servicios elementales para una vida digna. El asalariado no tenía alternativa, ya que los alquileres de cualquier casa "sin pretensiones" le insumía no menos del treinta por ciento de su salario, porque los alquileres oscilaban entre setenta a cien pesos mensuales9 con contratos leoninos. Es así que, por lo general, el asalariado sin vivienda prefería instalarse precariamente en los lotes para poder iniciar la construcción de su casa propia a costa de sacrificios y esfuerzo de la familia.

No tenían mejor suerte quienes habían logrado adquirir o heredado casas precarias de construcción antigua, ya que el discurso urbano de la época desmitificó el romántico "rancho criollo", tanto para el campo como para la ciudad, pasando a considerar las viejas casas de adobe, sin modernización ni mejoras, en la categoría de rancherío.

"Nada más lamentable que el estado de la vivienda obrera, o lo que es lo mismo la vivienda popular en nuestra provincia. En las poblaciones rurales subsiste el rancho anacrónico, sucio, sin comodidades, inestético, con aires de humilde y andrajoso pordiosero, en donde vegetan sus moradores poco exigentes y menos cuidadosos de la higiene y de la salud; en la ciudad continúa también el rancho, y avergonzado de su arquitectura campesina toma las formas de las casas urbanas y consigue parecerse a ellas; pero debajo de las apariencias esta la realidad: los adobes las cañas y el barro. Son viviendas que no reúnen condiciones de habitabilidad humana, de escasa ventilación, incomodas, muchas veces sin instalaciones sanitarias, construidas con materiales inadecuados, antihigiénicos, propicios a la suciedad, que aumenta el desaseo de sus ocupantes".

En 1940 el discurso electoral del conservadurismo fue más allá de los calificativos, incluyendo el urbano "como rancho hipócrita que parece casa y otros falsos que simulan ser ranchos decentes".

"No admitimos para el rancho ninguna jerarquía, por que como vivienda es indigno de la condición humana. Debe destruirse en nombre de la civilización y de la higiene del cuerpo y del alma de nuestro pueblo; el rancho es un estigma sobre el suelo sagrado de la patria, el estigma del atraso de la incultura y de la injusticia social: es el símbolo de la miseria de un país rico. En el rancho se genera la decadencia física y moral del tipo racial criollo. Habrá que derribarlo y prenderle fuego, para que el barro seco y vil vuelva a ser noble. El rancho es una vergüenza argentina, surgió de la penuria y de la improvisación. Hay que borrarlo, sacar su mancha bochornosa del territorio, y reemplazarlo por la vivienda habitable digna y limpia.

Paso la época en que la cursilería literaria, en nombre de las santas tradiciones, entonaba himnos al rancho. Lo hacían quienes vivían en casas confortables de la gran ciudad y nunca entraron en vino de ellos. Hoy no hay quien se atreva a defender ni a cantar las bondades de ese tipo de vivienda rústica, ni aún invocando a las tradiciones. Las tradiciones de la mugre y las tradiciones de la injusticia y de la miseria económica..."

El primer gobierno que se hizo cargo del tremendo problema fue el de don Pedro Valenzuela, en 1942 en un mensaje a la legislatura para erigir la Dirección Provincial del Hogar Obrero expresaba sin eufemismos:

"Dentro de los mismos límites de la actual capital, y llegándose un poco más allá de su perímetro existen construcciones, ranchos y conventillos que albergan -ya que no protegen- a nuestras familias humildes. Tales habitaciones constituyen un verdadero "cinturón de miseria" que rodea la ciudad principal, un espectáculo de vergüenza, una lacra social de consecuencias malsanas germen de virus peligrosos y foco gravísimo de enfermedades infecciosas que están creando una generación inconveniente, cuya mentalidad y cuya moral, si se adecúa a tal atmósfera, es por demás peligrosa para la felicidad y progreso de la patria.
Puede asegurarse que casi el ochenta por ciento de las familias obreras que viven en la planta urbana ocupan una sola habitación cualquiera sea el número de hijos. El hecho de que haya — y en tal enorme proporción- padres de familia que viven en una sola pieza, en la cual comen y hasta duermen sus hijos mayores subleva los sentimientos humanos por el efecto moral, espiritual y físico que esta circunstancia produce. Y esto no es todo, porque pueden mencionarse casos que agravian la dignidad social, como es el de habitar la misma pieza dos matrimonios y sus respectivos hijos. Imaginad conmigo, señores Representantes, que generación puede formarse en un medio de tal naturaleza. Un mínimo de concepto de justicia y de dignidad de la Provincia impone la necesidad de encontrar una solución al problema de la salud moral y física de los habitantes que la pueblan”.

Efectivamente los candidatos del Partido Demócrata estaban convencidos de poder cambiar esta realidad como veremos en el epígrafe posterior.



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