Martes, 21 de Agosto de 2018      

Los espacios para lo público

Por:
Isabel Gironés de Sánchez

Calle Rivadavia frente a la plaza 25.La cuadra casi sin árboles, el anexo de casa POns y otros comercios, remata con dos hermosos edificios, orgull o de aquell San Juan: el del Banco Español del Río de la Plata y el del Club Social. (
Lo que hoy constituye una preocupación fundamental de los urbanistas de la sociedad compleja, los espacios públicos, en la época y en la capital sanjuanina de en nuestro estudio simplemente era el resultado no planificado de la evolución de la ciudad: las calles, áreas requeridas para la circulación vehicular y peatonal; los lugares * de recreación: el Parque de Mayo, el Estadium, las plazas, el cementerio, el playón de la estación Pacífico, las iglesias y los hospitales, las sedes sociales de instituciones, los edificios públicos de gobierno, todos vinculados con rituales sociales de la cotidianidad.
Avanzando el tiempo, y en la añoranza de vida política autónoma, por las constantes intervenciones nacionales, cobraron significancia otros elementos: los lugares donde nacieron personajes, lugares de sucesos políticos, espacios deportivos, espacios sociales y una multiplicidad de proyecciones que se vieron reflejadas en lo que hemos llamado la “ciudad ideal” de la elite dirigente, plasmada tardíamente en el Plan Regulador de 1942.
De todos los espacios categorizados como públicos, nos interesan para nuestro trabajo especialmente los de uso común, con acceso inmediato y directo escenarios de la vida pública y social de su tiempo.

LAS CALLES DEL EJIDO CAPITALINO
Consideradas como el espacio social inmediato del habitante urbano, en San Juan fueron clasificadas en “avenidas y calles”, no por características viales especiales, sino por tradición histórica de “limite del ejido de capital” fijado desde 1817 como “calles anchas”. Para la década del treinta ya habían perdido esta característica, especialmente hacia el oeste, pero mantenían su significación perimetral bajo el título de “avenida”.

A lo largo de su historia las calles del damero capitalino habían asumido distintas denominaciones y seguirían cambiando hasta la reconstrucción material de la provincia después de 1944.


NOMENCLATURA DE LAS CALLES DE SAN JUAN DE ESTE A OESTE
DENOMINACION ACTUAL DENOMINACION 1943 DENOMINACIONES ANTERIORES
25 de Mayo Avenida 25 de Mayo • Calle Ancha del Norte
San Luis San Luis • Paraguay
Avenida Libertador General San Martín Enrte Ríos • Calle del Progreso
• Estado Oriental
• Vicente López y Planes
• Corrientes
• (en su prolongación a Desamparados Calle Real de Puyuta luego Avenida General San Martín)
Laprida Laprida • Calle Vieja
Rivadavia Rivadavia • Calle de La Catedral, Calle del Portón
• Calle Buenos Aires
Avenida José Ignacio de la Rosa Inexistente (inexistente)
Mitre Mitre • San Agustín
• Comercio
• Las Heras
• General Paz
• Buenos Aires
Santa Fe Santa Fe • Chacabuco
Avenida Córdoba Córdoba • Calle del Molino
General Paz General Paz
9 de Julio Avenida 9 de Julio • Calle Ancha del Sur

NOMENCLATURA DE LAS CALLES DE SAN JUAN DE NORTE A SUR
DENOMINACION ACTUAL DENOMINACION 1943 DENOMINACIONES ANTERIORES
Avenida Dr. Guillermo Rawson Avenida San Martín • Calle Ancha del Este
• La Alameda
Guemes Guemes
Caseros Caseros
Aberastain Aberastain
Jujuy Jujuy
Avenida Rioja Rioja
Tucumán Tucumán
General Acha General Acha • Calle del Cabildo
Mendoza Mendoza • Calle Real de las Carretas
• Calle de San Pantaleón (fragmento norte)
• Calle de San Agustín
• Caseros
Entre Ríos Rawson • Salta
• Estados Unidos
Sarmiento Sarmiento • Nueva Granada
• Ecuador
Catamarca Catamarca • Catamarca
Avenida Alem Alem • Caseros
Santiago del Estero Santiago del Estero
Salta Salta • Rawson
España España • Calle Ancha del Oeste
• Avenida Los Andes
Las Heras Las Heras • Nueva Calle Ancha del Oeste
• San Juan de Dios (solo parte norte)

Las calles de la vieja San Juan, estrechas y con mezquinas veredas peatonales en su mayoría, como en muchas ciudades provincianas, no solo eran vías de tránsito vehicular y peatonal, sino verdaderos espacios de interacción social. Segmentos de la ciudad, donde la apropiación cultural les daba características jerárquicas vistiéndolas con la “piel de las fachadas” de las casas. Una calle podía convertirse en símbolo de estatus o en área marginal depreciada para la vida familiar, no solo por el elemento humano que las poblaba, sino también por el aspecto de sus frentes.

Esta fotografía de la esquina de Rivadavia y Tucumán en 1930 está tomada desde la calle Rivadavia. El edificio con terraza y trabajos de molduras, ubicado en primer plano a la derecha, era ocupado por las tiendas Dellâ™Acqua. (Foto publicada en el libro "El San Juan que Ud. no conoció", de Juan Carlos Bataller; proporcionada por Ricardo Prieto)


Para la cotidianidad “la calle” no era solo una vía de circulación, sino un espacio social construido que no abarcaba un trayecto completo de transitabilidad, sino escasamente unas pocas “cuadras”, donde los vecinos interactuaban, desarrollando un sentido de pertenencia que podía abarcar una o más manzanas. Lugares como el almacén, la carnicería, el bar, la escuela, las veredas de los juegos, las esquinas de reunión de los jóvenes, servían de referencia a los “barrios sin nombre” que el imaginario popular había forjado alrededor de su esquema personal de circulación.

Históricamente la ciudad había valorizado sus calles de acuerdo a la proximidad a la Plaza 25 de Mayo, en torno a la cual se asentaba el poder civil y religioso; pero desde principios de la década del veinte había sufrido una transformación en función de un fenómeno espontáneo de zonificación comercial, que entró a buscar ubicación cercana a la plaza principal.
La presencia de comercios produjo un alza notable de los precios de solares en las calles alrededor y las proximidades de la plaza principal, más y más comercios buscaban la centralidad, provocando la pérdida del uso familiar de la calle. La aparición masiva del automóvil agregó un aditamento molesto y ruidoso y hasta peligroso para los niños y ancianos. Todo esto, más el logro de una renta adicional por el alquiler del espacio de frente o un buen negocio por la venta del solar, provocaron el desplazamiento de la vivienda familiar a calles más distantes de las perimetrales y aledañas a Plaza 25 de Mayo.

Hacía muy poco que había inaugurado la famosa casa Gath y Cháves cuando fue tomada esta fotografía en los años 20, en la esquina de Tucumán y Laprida. Como puede apreciarse, los vehículos estacionaban a ambos lados de la calzada. (Foto publicada en el libro "El San Juan que Ud. no conoció", de Juan Carlos Bataller; proporcionada por Pablo Batista, de Optica Birle)

Este fenómeno se aceleró en la década del treinta, cuando comenzaron a instalarse sucursales de cadenas comerciales nacionales o regionales que requerían espacios más amplios que las tiendas tradicionales de origen local, configurando una zona casi exclusivamente comercial, el llamado “centro”, comprendido en las calles Mitre (entre Sarmiento y Tucumán); Rivadavia, el segmento comercialmente más importante (entre Catamarca y Jujuy), Laprida (entre Rioja y Catamarca) eran las calles comerciales de este a oeste. Las transversales (norte sur) Mendoza, General Acha y Tucumán (entre Santa Fe y actual San Martín), conformaban en realidad el micro centro comercial de San Juan, prevaleciendo en la zona los negocios sobre las casas de familia.

La aparición de las concesionarias de automotores en la provincia y la necesidad de espacios mayores, para la instalación de salones de exposición y talleres al servicio de las grandes marcas, ampliaron el micro centro en algunas calles en forma discontinua (calles Laprida, Mendoza y Libertador General Sao Martín)
Otros sectores vinculados con los servicios y el comercio, se distinguían claramente en la ciudad de San Juan.

a. La avenida España Era el sector que seguía en importancia comercial al microcentro, localizado a lo largo de las dos estaciones y las cuadras que desembocaban en ellas, vinculado esencialmente con los servicios propios del movimiento ferroviario: hoteles, pensiones, restaurantes, comedores, bares, almacenes, peluquerías, cigarrerías, casas de lotería, billares, casas de juego y hasta prostíbulos enmascarados, junto a depósitos y bodegas, daban el marco típico de la zona ferroviaria.

b. La calle de la feria. Así llamado al segmento que se localizaba en calle Entre Ríos (hoy Avenida Libertador General San Martín) entre Aberastaín y Caseros, que constituía el segundo punto comercial de la ciudad, de menos importancia comercial que los anteriores, se ubicaba en el entorno de la Feria Municipal, que actuaba como mercado concentrador de frutas, hortalizas y animales menores (pollos, chivos, porcinos). En sus alrededores se concentraban comercios minoristas, bares, casas de comida, venta de loterías, billares de menor categoría, despensas y almacenes y depósitos en general.

La zona era para la ciudad un verdadero problema de higiene y seguridad, que, como veremos más adelante no pudo ser resuelto en la época que estudiamos.

c. La calle Rivadavia. Fue una de las calles, por no decir la única, que ofrecía el carácter de una ciudad populosa. A fines de 1943 era el asiento favorito de las grandes tiendas, en casi todo su trayecto podían contemplarse los carteles luminosos y escaparates bien presentados, otorgándole el aspecto de una calle de gran metrópoli, su adelanto edilicio la convertía en la calle principal de la ciudad.
Esta importante calle comercial, no solo era infraestructura sino también actores. Una descripción de la cotidianidad de esa calle nos dejó Alberto Gramajo, en su artículo “Escenas de la calle Rivadavia”

“Por sus veredas transita un elevado número de peatones; por su calzada el tránsito es cuantioso y de ritmo acelerado, que demuestra la agitación de la vida acelerada. Y, en esta calle, dibujase distintas escenas de contornos pintorescos y curiosos. Durante las horas de la mañana, los colectivos, los ómnibus, los automóviles y demás vehículos, forman el bullicio disonante de las actividades prácticas; por la tarde se agiganta el tráfico. Caminan por las veredas gentes que entran y salen de las casas de comercio. Resulta común ver a una señora o a un señor cargados de paquetes y, en varias ocasiones con el más incómodo de los paquetes: ese niño que siempre ha de empeñarse en obstaculizar el paso a cuanto ser humano se apura por llegar, allí tiene que ir esa criatura, dejando que la madre le suplique una y mil veces que camine rápido, pero él no accede y continúa mirando a todos lados, como si una sed enorme de conocimientos le fuera carcomiendo el alma y el cerebro. Después el campesino; aquel que tomó el ómnibus que cruza por las cercanías de su chacra y que se vino a realizar las compras necesarias. Luciendo un sombrero diferente a los

La calle Rivadavia en los años 40.
que usan los de la ciudad -aludo y de copa elevada-, un pañuelo blanco al cuello y zapatos lustrados, camina lentamente, como suele hacer cuando va con el arado, rompiendo el vientre a la tierra. Luego con gesto que le es característico -gesto manso- va hasta la estación de ómnibus y, como lleva media hora de adelanto, allí sentado en uno de los asientos del coche, lee el diario, comenta lo leído con sus compañeros de viaje y por último, fuma un cigarrillo fragante de veinte centavos; porque hay que advertir una cosa: en la ciudad no hay que fumar el tabaco que se fuma en la chacra.”

El escrito representa típicamente el discurso urbano que distingue “al otro”, presentando la dicotomía campo-ciudad y reflejando el punto de vista del citadino sobre el campesino.
Más adelante el artículo refleja la mirada sobre la mujer.
“...no voy a contradecirle a quien me diga: las niñas que se ven de tarde en tarde por la calle Rivadavia, son enormemente bellas.¡No!. Yo no voy a contradecirle, porque, lo sé yo también. Las veo desde hace años y aunque siempre son las mismas, reconozco que son bellas; de cuerpo ágil, elegante; de labios rojos y sonrisa amable. ¡Claro que son bellas!, todas las mujeres, aunque a veces feas, llevan en el fondo, por lo menos una llamita de poesía. Pero no por eso vamos a perder nosotros los varones, el concepto de tales. No es posible que por el hecho de tenerlas tan cerca, mientras van por la calle, nos coloquemos ante las mismas en un papel ridículo, como es aquello de buscar el cordón de la vereda y asemejarnos a postes de triste presencia, condenados a una penitencia”
El observador Antonio Gramajo nos proporciona algo más, una descripción pintoresca del “vividor”, infaltable en toda ciudad, que entrañaba un evidente peligro para las jóvenes empleadas del comercio. Individuos que San Juan se los conocía popularmente como “ los gavilanes”
“Bien peinadito y, con brillo que extrajo en un descuido de su hermanita. Un traje bien planchado y de última moda; no importa que el crédito, con el cual lo consiguió, siga abonándolo la garantía. Una corbata de colores chispeantes y un alfiler en la misma; un alfiler que reluce cual esa estrella que se apaga y se enciende sobre los cerros de Zonda todas las tardes; y por último, un reloj pulsera que le da aire de “billetudo” (importa poco que no tenga un centavo en el bolsillo). Por virtudes del maquillaje sus arqueadas cejas, presentan una línea correcta, magnifica; ¡qué rosadas son sus mejillas! Parecen dos manzanas calingastinas incrustadas milagrosamente en ese rostro ¡tan varonil! Por otra parte se ha hecho ciertas ondulaciones en el pelo que constituyen un madrigal en forma de cabellos; cabellos aterciopelados.

Pues bien, de esa manera ha esperado la hora en que ha de cerrar el comercio y han de aparecer las empleadas. De vez en cuando solicita un cigarrillo a uno de sus compañeros de media confianza, porque los de confianza no le dan. Estudia una sonrisa cinematográfica para con ella conquistar a esas florecitas que van a asomar del interior de las casas comerciales. Seguidamente, tararea la letra de un fox trox, intenta marcar los compases del mismo y como quiere hacer notar que estudia idiomas, no se le despegan de sus labios el “yes” y el “camen”.
¡Las empleaditas! ¡Por finen la calle! Nuestro galán saluda, sonríe y hace como que ve la hora, para lucir el reloj y por ultimo empieza a repartir piropos a diestra y siniestra... cuando hubo pasado el momento en que estuvo frente a ellas, se queda triste, pensativo... y es que a lo mejor algo en su interior comienza a decirle que las chicas ya se han enterado del precio que tiene, y han optado por no tenerlo en cuenta con todo disimulo.”

No faltaba en el artículo el consejo moralizador y la definición del rol mujer-madre, desde la distancia de la experiencia del observador.

“Es hora ya de que la mujer, piense y se preocupe por distinguir a los hombres. En ellas está el triunfo o el fracaso de estos personales. Por eso: tú empleadita humilde, que trabajas con honradez: tú que llevas el pan de cada día a los tuyos, no te apresures a valorizar cualquier palabra, ni te expongas a adueñarte de un hombre que... Bueno, no es tal. Debes tener presente que has nacido para ser madre; para acrecentar el mundo sublime de los niños y no para ser un espectáculo atrayente. (Perdóname si soy intruso y crítico)

d. La Avenida San Martín. La actual Avenida Dr. Guillermo Rawson llamada tradicionalmente Calle Ancha del Este, constituía una de las calles más anchas de la ciudad. Por muchos años había demarcado el límite del ejido capitalino con el Departamento de Santa Lucia, adquiriendo desde de 1817 características especiales, tanto por su alameda como por haberse constituido en el sitio tradicional donde se celebraban las fiestas populares.

En la década del treinta esta calle constituyó una alternativa válida para quienes aspiraban a salir de las zonas comerciales. Numerosas familias comenzaron a adquirir terrenos para sus viviendas, valorizándose la calle con la presencia arquitectónica del casco central del Hospital Guillermo Rawson, la Escuela Normal Regional de Maestros General San Martín y el Colegio Don Bosco.

En esta foto de 1920 se ven, de izquierda a derecha los edificios de la Legislatura, la Casa de Gobierno, los Tribunales y el Banco de la Nación. Autos y carruajes circulan en doble ví­a sobre calle General Acha.


La calle estaba adornada de añosos álamos carolinos, conformando un ambiente fresco y agradable pero ya mostraban la decadencia de su ciclo vital. En 1941 comenzó a planearse la modificación de la vieja avenida ancha del este, con fuerte crítica por el talado de las especies arbóreas, pero la remodelación urbanística pronto aquietó los ánimos convirtiéndola en una calle con características de paseo.

Los resultados de la obra impulsada por el Intendente Municipal Dr. Alfonso Barasi fueron una agradable sorpresa. La construcción de veredones y jardines, paseos y glorietas, la instalación de bancos de “estilo romano”, a lo largo de las nueve cuadras que abarcaba, dejaban un espacio, entre Mitre y Rivadavia, sin jardines centrales con un amplio veredón para restaurar el escenario de las fiestas populares.

La reforestación se cumplió con especies exógenas; tipas, jacarandá, palo borracho y ceibos, fueron implantados con éxito en las veredas y plazoletas centrales, sin descuidar enredaderas, rosales y las infaltables pérgolas de vid.

Realizados los trabajos de refacción la nueva avenida volvió a convertirse en un espacio público de jerarquía para el paseo y el descanso.

e. La Calle Las Heras. Era esta una arteria que concentraba el tránsito por detrás de los dos complejos ferroviarios de la ciudad, habiendo sido incorporada al ejido capitalino a fines de siglo XIX. Para la época del treinta era una arteria amplia y adoquinada que había reemplazado a la Calle de La Paz como acceso al cementerio municipal y concentraba todo el movimiento de transversal sur- norte en su acceso hacia el oeste, dando unidad a la densa zona poblada de los barrios ferroviarios y nuevas urbanizaciones de Desamparados, localizadas entre 9 de Julio y Cerecetto (hoy José Ignacio de la Roza).

Esta importante arteria, daba acceso al Parque de Mayo y terminaba en el nuevo frente del Cementerio Municipal. En su construcción original fue adoquinada. Durante la gobernación del Interventor Modestino Pizarro la calle fue ornamentada con canteros centrales de jardinería, parte de los cuales fueron suprimidos al ser pavimentada la arteria, pues la calle de doce metros de calzada resultaba estrecha por la densidad de tránsito que circulaba. Sin embargo se mantuvieron los canteros de palmeras que se habían instalado desde la Avenida San Martín hasta el cementerio, dando un aspecto particular a este segmento que en parte se integraba con el Parque de Mayo, manteniendo el primitivo paisaje de oasis característico del San Juan colonial.

f. La “Florida” sanjuanina del 43. A la manera de las grandes ciudades, San Juan tuvo sus calles peatonales. El octubre de 1943 el Interventor Federal Jorge Godoy firmaba el decreto según el cual, diariamente, entre las 19 a las 20 horas de interrumpía el tránsito y el estacionamiento de vehículos en los segmentos de la calle Rivadavia (entre Tucumán y General Acha) y calle Tucumán (entre Rivadavia y Laprida), reservando esas dos cuadras en el horario indicado para tránsito peatonal exclusivamente.

La crónica urbana informaba al respecto:

“El más trascendental de los sucesos ocurridos en nuestra ciudad en los últimos años -diríamos desde que la capital sanjuanina tiene afirmado de cemento- ha ocurrido ayer. Como que se inauguró la habilitación exclusivamente para peatones de dos cuadras céntricas, en las cuales se reunió a la hora establecida media población de la capital y alrededores. Daba gusto ver la calzada repleta de niños y jóvenes, las veredas llenas de muchachos de 14 a 80 años, el aspecto de calle Florida que habían adquirido de súbito las dos calles habilitadas para el tránsito de peatones. Era eso lo único que le faltaba a San Juan para ser una ciudad con fisonomía de gran capital”

No faltó tampoco la poesía urbana para celebrar el acontecimiento sin dejar pasar la oportunidad para insertar la crítica por la situación económica de la provincia.

Ya tenemos por suerte
una calle Florida; una calle lujosa,
una calle bonita,
una calle elegante,
que, a las horas de cita,
cuando el tránsito cesa
y la tarde declina,
con las chicas que pasan
y los “chicos” que miran,
y las damas que encantan,
y los viejos que envidian;
con la luz a raudales
las vidrieras magnificas...
más que calle, semeja
una hermosa avenida;
por el lujo, la gracia,
la belleza cumplida,

El paseo fue bien recibido por los habitantes de la ciudad. Una circunstancia no prevista, el adelanto de la hora y la escasez de carburante para los motores que producían la luz eléctrica por la guerra mundial, hicieron necesaria la racionalización de la luz obligando a los comerciantes, por edicto municipal, a iluminar las vidrieras alternativamente un día por cada vereda.El picaresco humor urbano de Jorge Bates, bajo el pseudónimo de Calderón de la Piragua también realizaría su comentario oportuno en “La Morisqueta”, esta vez por la medida de racionalización del alumbrado de escaparates

¡LUZ, MAS LUZ!

Yo le aplaudo la idea al intendente que ha querido imitar la “Florida” porteña en nuestro ambiente dejando esas dos cuadras para andar.

Más con el adelanto de la hora y el asunto de la iluminación, la dicha iniciativa se “evapora" o no cumple el propósito en acción.

Por lo cual he creído necesario advertirle al doctor, que habilite otro horario o autorice la luz en el sector,

por que el limbo que ahora es el paseo no deja conocer ni saludar.

La gente cambia adioses al tanteo,

O para conocer hay que tocar...

2. LAS CALLES COMO ESCENARIO DE HECHOS POLÍTICOS

Revolucionarios que salieron a la calle el 21 de febreo de 1934

a. 21 de febrero de 1934. Revolución en las calles
Las calles fueron escenario de hechos políticos importantes en la época. Posiblemente el más significativo fue la revolución del 21 de febrero de 1934, donde una alianza de partidos, unidos en la Junta Revolucionaria, pusieron fin al segundo gobierno de Federico Cantoni. El hecho casi costó la vida al mandatario depuesto, arrojando un saldo de más de treinta muertos entre ellos el Jefe de Policía de la provincia León Tourres.

Calle Mitre 1160, local de la Comisaría Primera, luego Comisaría de la apital, tomada por elementos del cantón al mando del ingeniero Santiago Graffigna, después de una breve lucha con los defensores, el comando estuvo en la casa de Graffigna (Mitre 1172). Tomada la comisaría los elementos que formaban el cantón se dirigieron a reforzar el cantón de la casa de gobierno.

Nosotros bajamos al salón y al rato llegó el Sr. Antonio Zarlenga con un amigo, entraron no sé por dónde desde la calle Tucumán. Allí nos enteramos que toda la ciudad parecía un campo de batalla, la radio de González (LV5), trataba de tranquilizar a la población y pedía que se mantuvieran en sus domicilios, que la situación estaba controlada, pero desde la peluquería escuchábamos disparos y un repiqueteo como si fuera una ametralladora, recién a partir de las ocho de la tarde la cosa se calmó un poco y a las diez escuchamos que un jefe del regimiento había entrado en la casa de gobierno y estaba restablecido el orden...
Mi opinión es que los revolucionarios querían matar a Federico Cantoni, y eso que nosotros no éramos cantonistas, pero “muerto el perro se acabó la rabia”mi padre decía que se había juntado mucha, mucha bronca contra los Cantoni.”

Calle General Acha al 300, Oficina Central de la Unión Telefónica, tomado por el grupo del Dr. Rogelio Driolet Esbry. Tomado el edificio quedó en poder de los revolucionarios el conmutador general y el control de las comunicaciones telefónicas de la provincia, de tal suerte que las autoridades gubernativas y policiales no pudieron, en el resto del día, ponerse en comunicaciones


Las crónicas periodísticas reafirman los sucesos de nuestro informante y dan cuenta de otros escenarios de lucha.

“A la tarde las calles de la ciudad eran un campo de batalla atronadas por las descargas de fusilería y las de toda clase de armas, incluso bombas de mano.

Los revolucionarios se mantenían en permanente contacto con sus cantones. La Central de Policía era simultáneamente atacada desde las cuatro esquinas. El Colegio Nacional había sido ocupado por una comisión de revolucionarios...igualmente se atacó el cuerpo de bomberos desde la esquina de Tucumán y Córdoba, no permitiéndose ningún movimiento ofensivo.

Bnaco Italo Argentino, esquina Mitre y General Acaha, a media cuadra de la casa de gobierno, donde funcionó otro cantón revolucionario al mando del Dr. Alberto Graffigna. Desde la azotea del edificio se mantuvo fuego interrumpido sobre la casa de gobierno, cuyos defensores estaban materialmente sitiados. Desde este sitio había sido vaciado a balazos el taque que proveía agua corriente al edificio gubernativo, de manera que sus defensores hubieran durado unas horas más.

Las comisarías Io y 2o fueron al mismo tiempo atacadas por sendas comisiones. Desde los edificios ubicados frente a la Io y Oficina de suministros se inició un fuego graneado. Mientras otros revolucionarios se adelantaron y atacaron el local penetrando en su interior y acorralando a sus defensores...

El ataque a la 2° fue más recio y donde la policía ofreció mayor resistencia. Cuando se hicieron presentes los revolucionarios, los agentes cerraron las puertas del local que hace esquina e iniciaron un fuego nutrido de armas largas y revolver contra los atacantes, los cuales penetraron en el corralón y negocio de almacén ubicado enfrente.

Calle Tucumán y Córdoba. Mercado Central donde se estableció otro de los cantones revolucionarios que mantuvo imposibilitado de moverse al Cuerpo de Bomberos (calle Tucumán 665) y a la Central de Policía (calle Santa Fe esquina Tucumán). En la puerta de eset negocio murió Manuel Fernández Ferrándiz, al estallarle en la mano una bomba, cuando se disponía a arrojarla sobre un coche policial que había burlado el fuego de los revolucionarios.


Desde allí, y después de levantar trincheras con bolsas de harina, entablaron una verdadera batalla en la que se utilizaron bombas de mano e inflamables hasta obtener la rendición de las fuerzas policiales, la que se produjo después de haber caído gravemente heridos varios agentes y personal superior.

El Consejo de Educación fue uno de los últimos reductos del cantonismo que se rindió a los revolucionarios...A él fueron llegando en grupos de dos o tres algunos elementos del situacionismo entre ellos Camus, Largacha, Varesse, Sancasani, Mariel, Puggliesi, etc, hasta formar un cantón que dominó la cuadra de Santa Fe, entre Mendoza y Rawson (hoy Entre Ríos)...

Este grupo cruzó disparos con el revolucionario que se hallaba en el edificio de Tribunales y más o menos a las 23.30 opto por dejar sus posiciones visto que el cerco se volvía cada vez más estrecho, dejando los automóviles en que habían llegado frente al edificio.

Cuando los revolucionarios llegaron, solo se hallaban allí algunos ciudadanos, la familia del portero de la dependencia y la Directora General de Escuelas Carmen Peñalosa de Varesse y su marido.

Algunos exaltados del grupo que tomó la posición se dieron a la tarea de incendiar esos coches, cinco o seis, entre ellos los de propiedad de Camus, Tobares y Varesse, los que quedaron completamente destruidos en pocos minutos.

También fueron incendiados otros automóviles en calle Mendoza entre Santa Fe y Mitre.”

d. Una vez más las calles sanjuaninas habían servido de campo de batalla, por muchos años las familias cercanas a los escenarios de la lucha guardaron objetos con perforaciones e impactos de disparos de esta revolución.



Isabel Gironés de Sánchez fue profesora y magister de Historia de la Universidad Nacional de San Juan Autora de numerosos trabajos de investigación, ministra de Educación de la provincia y docente, investigadora y coordinadora de la maestría de Historia de la Facultad de Humanidades y Artes



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Ver Plazas y parques
Ver División política
Ver Calles de San Juan
Ver Chalets históricos de San Juan
Ver La política de los años '40, '50, '60 y '70
Ver Reconstrucción de San Juan (1944-1960)
Ver Década de 1940

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