Lunes, 17 de Diciembre de 2018      

Las plazas

Por:
Isabel Gironés de Sánchez

Históricamente San Juan había tenido pocos espacios dedicados a plazas públicas, la Plaza Mayor o Plaza de Armas, se había convertido en la Plaza 25 de Mayo primer espacio parquizado urbano. En la ciudad acotada de las cuatro calles anchas se agregaron dos espacios para este fin que tardaron mucho en aparecer como tales. Recién para el centenario de la independencia se emprendieron trabajos de forestación y comenzaron a verse como lugares para el descanso y el esparcimiento.

La pavimentación del casco capitalino vino a valorizar estos espacios, dándoles la fisonomía típica de una plaza pública.

El plan de regulador y la demarcación del espacio urbano vino a agregar tres nuevas plazas al Capital: Trinidad, Concepción y Desamparados, que tradicionalmente habían pertenecido a los departamentos homónimos parte de los cuales, incluyendo las plazas, habían sido incorporados al ejido capitalino configurado en 1942. Sin embargo esa incorporación solo fue en la letra de la ley, no así en el uso y el imaginario popular para quienes seguían siendo las plazas departamentales.

Cada uno de estos espacios urbanos tenía su historia propia y su significancia social. La ubicación de las plazas daba al entorno una situación de privilegio, se vivía “frente a la plaza de...” o “ a x cuadras de la plaza de...”, sirviendo de punto de referencia geográfica y social.

Plaza 25 de Mayo
a. La Plaza 25 de Mayo.

Sin lugar a dudas la más importante de la provincia, conservaba su centralidad desde el traslado del emplazamiento fundacional siendo la plaza cívica por excelencia. Localizada en la manzana central de la planta fundacional, su espacio estaba lleno de significados históricos y sociales. Secularmente había sido cuidada con mayor o menor esmero, por los distintos gobiernos, ya que en su entorno se concentraba el poder político (Calle General Acha) este frente estaba presidido por la estatua de Domingo F. Sarmiento y el poder espiritual (calle Mendoza), presidido por la estatua de Fray Justo Santa María de Oro. Marcando de alguna manera la separación de ambos poderes.

Lugar social por excelencia, la “Plaza 25”, como popularmente se la conocía, era el escenario de la vida pública y ceremonial de la ciudad.

Tradición sanjuanina eran los paseos familiares del domingo por la Plaza 25, después de la misa de once en invierno o en las tardes de verano. El paseo generalmente era amenizado por la Banda de la Policía de San Juan, con excelentes directores y amplio repertorio, constituyendo la cita obligada de los jóvenes en las tardes vestidos con sus mejores galas. La Plaza 25 se convertía en el ámbito de relación social de lo más granado de la sociedad, que agrupados por sexo (varones hacia un lado y mujeres en sentido contrario), daban la llamada “vuelta al perro”.

Plaza 26 de Mayo
“Los paseos dominicales de la Plaza de Mayo, con sus círculos concéntricos y en dirección opuesta, son como esas corrientes submarinas, que corren juntas y en sentido contrario, sin que sus aguas se aglutinen. Pero aquí en los paseos de la plaza, algo se mezcla, porque el círculo femenino ejerce un poder de atracción que no tiene el agua”''

Desde que comenzó a circular el diario Tribuna, 1 de mayo del931, y por largo tiempo la “Crónica Social” inauguró una sección especial “La retreta de ayer”, encargada de detallar la asistencia de las señoritas conocidas en el paseo dominical:
“Vióse concurrida por distinguidas señoritas de nuestra sociedad la retreta de ayer en la plaza 25 de Mayo.Entre otras, que lamentamos no recordar, vimos a las señoritas Berta Quiroga Echegaray, Julia Soliveres López, Elba Conte-Grand, Ana María Quiroga Aguilar, Edda Aguiar Fonseca, Raquel Balaguer Muriel, Daisy Alcira Videla de Oro, Elizabeth Álvarez Chico, María Arcelia Quiroga Echegaray, Adriana Soliverez López, Josefina Quiroga Aguiar, Nelly Puebla Yornet, Amelia Salinas Fonseca, Nelly Tascheret Quiroga, Martha Galvarini Basualdo, Angela Luisa Echegaray Furque, Nélida Aguilar Bustos y Ana Verovich”

Todo el ceremonial de las miradas y de gestos se desarrollaba en este espacio urbano, donde se producían las presentaciones informales, se iniciaban acercamientos románticos y en esencia se ejercía la seducción y mostraba la elegancia de los jóvenes de la mejor sociedad. La poesía dejó recuerdos de estos rituales sociales.

Vista aérea de la Plaza 25 de Mayo
La Retreta
Diez años... diez años que van a la plaza y están todavía sin novio las dos... muchas vueltas dieron sin que nadie, nunca, las haya mirado... sin que nadie nunca las haya seguido...
Diez años que llevan vestidos de colores claros y el pelo enrulado...
Diez años... diez años... Y siguen viniendo...
No quieren a solas cruzar por la vida...
Tienen sed de afectos... tienen sed de amores... Se sientes esposas y madres modelos...
Por eso se visten de colores claros,
Se enrulan el pelo Y un año... tres años... diez años... las ven por la plaza y esperan... esperan... esperan.
Maria E. Samatan
En estos paseos no dejaba de existir una especie de “control social” ejercido por parte de los padres o chaperonas, ya en los bancos que adornaban las plazas, ya en las confiterías que la rodeaban o en los autos estacionados en su costado. Prueba evidente de ello fue la disposición municipal sobre estacionamiento de automóviles en la plaza.
“... el estacionamiento de automóviles en las calles que rodean la Plaza 25 de Mayo, solo será permitido en forma de que el frente del motor quede hacia la calle, a excepción de los días de retretas, que podrán los automóviles con familias, estacionarse con el frente del vehículo hacía en interior de la plaza”

La plaza principal fue testigo de la revolución de febrero de 1934, de actos ceremoniales de carácter cívico, militar y religioso durante toda la época estudiada; en su entorno se realizaría la celebración de las fiestas patrias 25 de mayo y 9 de julio, así como las conmemoraciones escolares del 11 de septiembre y las procesiones religiosas, asumiendo singular importancia la de Corpus Cristi.

Vista parcial de la Plaza Aberastain a fines de la década del treinta.
b. La Plaza Aberastaín
La Plaza Aberastaín, ubicada entre las calles: Rivadavia, Aberastaín, Mitre y Caseros surgió como espacio público en 1911, al determinarse el sitio como instalación de la estatua de Antonino Aberastaín considerado emblema de federalismo provincial por su resistencia en la Rinconada y su asesinato posterior. La estatua del procer, en el centro de la explanada, fue rodeada por algunos árboles y pronto fue invadida por malezas quedando en estado de desidia.
El espacio no tuvo el carácter de plaza hasta que en 1917 en que el Gobernador Amador Izassa ordenó la construcción de senderos y la plantación de árboles y palmeras ornamentales. El pavimentado de las calles adyacentes y la construcción del Palacio Municipal en su frente este, dieron valor a este espacio público, con la consiguiente revalorización del espacio privado y comercial en su entorno.

Homenaje, en la plaza Laprida, de la escuela al Dr. Francisco Narciso de Laprida en el centenario de su muerte
c. La Plaza Laprida
Localizada sobre el actual emplazamiento: calle Entre Ríos (hoy Avenida Libertador General San Martín), Além, Laprida, y Catamarca; fue erigida desde un principio como homenaje al presidente del Congreso de Tucumán que declaró la independencia Francisco Narciso Laprida. Valorizada urbanísticamente con la construcción de la Escuela Normal, era esencialmente una plaza de estudiantina. Sin embargo en la década del treinta se convirtió en un espacio cívico, para mostrar la fuerza de los movimientos políticos y los reclamos para la restitución de la autonomía provincial conculcada por las intervenciones nacionales.
Una de esas manifestaciones cívicas, posiblemente la más importante y organizada, fue la recepción de los dirigentes Santiago Graffigna, Carlos Porto y Belisario Albarracín, gestores de la intervención al gobierno de don Juan Maurín, que congregó (según fuentes partidarias) veinte mil asistentes.
El acto estuvo organizado minuciosamente, con una caravana cívica que se acopló, en Calle Once y Mendoza, al automóvil que trasladaba desde la Provincia de Mendoza a los dirigentes homenajeados.
El acto central, desarrollado en Plaza Laprida, organizaba las columnas de adherentes, según de donde provenían, sin dejar de lado la nota de color popular “los jinetes de gauchos engalanados, que testimoniaran la adhesión del pueblo”.
No se encontró, crónica alguna en los diarios opositores, simplemente se limitaron a la crítica de los protagonistas tachándolos de “intervencionistas y traidores al sistema federal de gobierno”, en consecuencia podemos admitir que la manifestación cumplió estrictamente el planeamiento estratégico con orden, entusiasmo y sin desbordes.
La prensa partidaria indicaba, que se vivaron entusiastamente al Presidente Castillo y a los líderes de “la concordancia”.
“Era realmente pintoresco y grandioso el aspecto que presentaba la Plaza. Un considerable número de damas había tomado posición en la calle Catamarca de Laprida al norte, mientras que detrás de ellas y cubriendo gran parte de la cuadra y la calle Laprida, como también la plaza por los costados este y sur, estaban ocupadas por una apeñuscada multitud. Una numerosa columna de jinetes ocupaba toda la cuadra de Entre Ríos y Além, frente a la Escuela Normal Sarmiento.

Los techos de las casas circundantes, estaban atestados de gente y hasta en los árboles de la plaza, había cantidad de personas que llevadas por su entusiasmo, habían trepado a los mismos.

Alrededor de veinte mil personas concurrieron al acto, que se desarrolló en el mayor orden, sin que en ningún momento tuviera que intervenir la policía, cuyos empleados, en gran número, habían sido destacados en el lugar para guardar el orden, lo que merece destacarse como un índice de la cultura de nuestro pueblo

Terminados los discursos, los manifestantes se desconcentraron ordenadamente /.../Al pasar la manifestación por el Gran Hotel (calle Mitre y Sarmiento), advirtió allí la presencia del interventor nacional almirante Enrique G. Fliess, inmediatamente algunas damas que encabezaban el imponente desfile y que portaban grandes ramos de flores, se dirigieron al comisionado federal y lo obsequiaron con hermosos ramos, obsequio que el Interventor agradeció vivamente...

Puede decirse que ayer, el pueblo de San Juan ha cumplido una gran jomada que permite augurar un amplio triunfo de las fuerzas del orden coaligadas en la obra de restauración institucional, política y moral que ha de dar a la provincia la tranquilidad a que tiene derecho”

El acto no solo fue una manifestación cívica, también marcaba la aparición en la escena política de nuevos liderazgos provenientes de distintas fuerzas nacionales y provinciales. La “nueva concordancia”, era una alianza heterogénea y segmentada de partidos: Democracia Nacional, Radicalismo “concurrencista, y Radicalismo Bloquista Disidente o “portismo”.

Pronto comenzarían a reorganizarse las otras agrupaciones opositoras, pero deberían esperar más de cuatro años para que la opción electoral permitiera la salida política de las intervenciones federales

Foto de la Plaza de Desamparados, anexada a Capital en 1942, tomada desde Avenida San Martìn hacia el noroeste, se observa al fondo la iglesia construida en 1934.
d. La Plaza de Desamparados

Típica plaza barrial del viejo Puyuta, localizada en la zona anexada a Capital en la remodelación de 1942, era una de las plazas más cuidadas de la ciudad, su emplazamiento era la actual Avenida San Martín y Fray Justo Santa María de Oro, pero hacia el Este se prolongaba en plazoleta en lo que hoy es calle Driolet, no existiendo aún en el norte la calle Echegaray. Para la época aún no se denominaba Salvador María del Carril, conservando simplemente su nombre tradicional de Plaza de Desamparados. El espacio se vio engalanado por la construcción de la nueva iglesia parroquial, realizada en la década del treinta.

e. La Plaza de Trinidad

Otro espacio típicamente barrial en la periferia de la ciudad tradicional fue la plaza de Trinidad. Sus orígenes se remontaban a principios del siglo XIX cuando la zona ocupada por lo que hoy se denomina Plaza Almirante Brown, comenzó a poblarse de viviendas de quienes buscaban un lugar cerano a la capital y a la vez un sitio que no estuviera muy alejado de sus tierras de labranza convirtiendo a la Plaza de Trinidad en un punto de referencia geográfica: el antes... pasando,,, al este... al oeste, permitiía localizar rápidamente los lugares o domicilios de una familia
En la época que nos ocupa el espacio de las calles laterales de la vieja plaza, General Acha, Victoriano Gallo (hoy Agustín Gómez), Frías (hoy Pedro de Valdivia) y Tucumán, se encontraban casi totalmente urbanizadas, el sitio se había valorizado con la construcción de la Iglesia Parroquial, el Asilo de Ancianos y el Colegio del Tránsito, todas obras del Deán Abel Balmaceda, sobre la calle general Acha en diagonal a la plaza. Las cuatro cuadras perimetrales ocupadas totalmente por casas de familia y los infaltables negocios barriales: bares, almacenes y carnicerías, sastres y modistas, además de la Jefatura Política y la Comisaría (en calle Frías) , la Escuela Angel D. Rojas y el Registro Civil (en calle Victoriano Gallo). Durante la década del treinta la plaza fue totalmente remodelada realizando cuatro accesos y en el centro una “pista de baile” embaldosada, con una columna radiodifusora “con dos parlantes de 25 voltios de salida por los cuales se puede irradiar música y voz por una mesa de transmisión instalada en dependencias de la jefatura política departamental”, la inauguración tuvo lugar el 17 de enero de 1937, con una gran kermés y baile final.


Fue la típica plaza de los juegos infantiles, paseo familiar los domingos y el escenario propicio para realizar la “pasadita” de los jóvenes en las tardes de verano. Allí también se realizaron grandes bailes familiares para el carnaval y quermeses de beneficencia de las asociaciones vinculadas al asilo, la parroquia y el colegio.

e. La Plaza de Concepción
Como en el caso anterior esta plaza se incorporó al ejido urbano en 1942, su espacio era atribuido a la Plaza Mayor del primer emplazamiento fundacional de la ciudad de San Juan, siendo el mismo que corresponde en nuestros días a la Plaza Juan Jufré.
La colonial Parroquia de Concepción en el costado norte de la plaza, presidía el conjunto típico de su alrededor, casas de familia negocios y Jefatura Política.
Cada 8 de diciembre la Plaza de Concepción se vestía de fiesta para honrar a su patrona, sin escatimar esfuerzos, kioscos y venta de refresco poblaban su espacio para satisfacción de acalorados peregrinos que acudían de todos los departamentos aledaños.
En diciembre de 1936 la plaza fue totalmente remodelada dotándola de glorietas, juegos infantiles, pérgolas y una pista de baile en uno de los ángulos de la plaza con su correspondiente columna de radio trasmisión operada desde la jefatura política.


Isabel Gironés de Sánchez fue profesora y magister de Historia de la Universidad Nacional de San Juan Autora de numerosos trabajos de investigación, ministra de Educación de la provincia y docente, investigadora y coordinadora de la maestría de Historia de la Facultad de Humanidades y Artes


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