Sábado, 18 de Agosto de 2018      

ELOY PRÓSPERO CAMUS. 1973 - 1976

Llegó a la gobernación siendo un símbolo de la resistencia peronista. Pero si algo caracterizó su gestión fue su mano tendida hacia todos los sectores, su vocación integradora y su tarea pacificadora en momentos en los que el país se desangraba en tremendas luchas. Eloy Camus, el último gobernador que usó sombrero, llegó al poder con 70 años y tras su gestión mereció el respeto de todos los sectores del peronismo.

Por:
Juan Carlos Bataller

Eloy Camus con su infaltable sombrero.
Don Eloy Próspero Camus llegó a la gobernación electo por el pueblo, en 1973. En el momento de asumir su cargo era una especie de símbolo del viejo peronismo, del peronismo de la resistencia, lo que lo transformaba en una de las figuras más respetadas de la política nacional.

—Fue sin duda –recordaban en 1998 quienes fueron sus colaboradores— el gobernador con más contactos y mayor peso nacional que haya pasado por esta casa.

Años más tarde vendría José Luis Gioja, en aquellos años un joven funcionario, a disputarle ese honor.

Una prueba de ello es la cantidad de dirigentes de primer nivel que venían a la provincia sin anuncio previo para tener una reunión o un consejo de don Eloy.

Uno de esos políticos era un joven de largas patillas, gobernador de La Rioja, llamado Carlos Saúl Menem. Pero también eran habitúes Lorenzo Miguel, Juanita Larrauri, Casildo Herrera, el secretario general de la CGT Ignacio Rucci, Abal Medina, el catamarqueño Leónidas Saadi, el mendocino Carlos Evans o el discutido Herminio Iglesias.


Albardonero criado en Jáchal

Camus nació el 25 de junio de 1903, en Albardón. Era hijo de Adolfo Camus y Susana Nolazco.

Susana era hija de sanjuaninos y Adolfo, según uno de los relatos familiares, era hijo de inmigrantes españoles, provenientes de Santander.

Aunque otros dicen que era descendiente de franceses y que el apellido lo recibió de su madre, no de su padre.

Un par de años después del nacimiento de Eloy, el matrimonio que ya tenía otro hijo, Octavio, se radicó en Villa Mercedes, Jáchal. Allí Adolfo tuvo un almacén de ramos generales, justo frente a la plaza principal de la villa.

Además, junto a su hermano tenía la única bodega del departamento y él se ocupaba de regentearla.

Poco después que se instalaron en Jáchal, nacieron los dos hijos menores del matrimonio: Paz Eufemia y Adolfo. La pareja tuvo más hijos pero solo sobrevivieron cuatro. Además, junto con ellos siempre vivió como una hija más Margarita, a quien todos llamaban Coca, que en realidad era sobrina de Adolfo.

Fue en Jáchal donde Eloy comenzó a descubrir su vocación por la política.

Mientras estudiaba en la Escuela Normal de Jáchal, junto a Rosalía Arnáez de Arabel, organizó una de las primeras huelgas estudiantiles de la provincia. La protesta le costó la expulsión del colegio y tuvo que venirse a San Juan para terminar el secundario. Estudió en la Escuela Normal Sarmiento, donde obtuvo el título de Maestro Normal Nacional, en 1925. Mientras vivía en la ciudad lo hospedaba la familia de Luis Leonardelli.

Cuando estaba en el último año de la escuela, Eloy conoció a María Julia Josefina del Rosario Valenzuela.

Julia era descendiente de una familia pudiente de Chile. Su abuelo fue Antonio Varas de la Barra, que fue vicepresidente por el Partido Conservador.

Sus descendientes tuvieron que irse del país trasandino a fines del siglo XIX, cuando se produjo la revolución de Balmaceda. Cruzaron la cordillera a caballo y entre los hombres y mujeres exiliados, estaba la madre de Julia.

Cuenta la familia que Eloy era muy romántico y solía escribirle cartas a

Julia. Los escritos para su enamorada llevaban la firma de Guillermo, porque ese nombre le encantaba. Tanto le gustaba que más tarde llamó así a su primer hijo. Después de un par de años de novios, el 24 de marzo de 1926, Eloy y Julia se casaron. Ella tenía diecinueve y él veintidós años.

El matrimonio Camus – Valenzuela tuvo siete hijos: Carlos Guillermo, Eduardo Octavio, Iván Rodolfo, Jorge Manuel, Pablo Adolfo, Susana y María Julia.


Los comienzos en el cantonismo

Eloy comenzó muy joven a actuar en política.

Fue un ferviente militante en la época en que algunos asuntos se arreglaban con tiros y la gente se jugaba la vida por defender sus ideales.

Su admiración por Federico Cantoni nació cuando él era muy joven.

Uno de sus amigos estaba muy enfermo, con una peritonitis aguda, fue Federico quien lo salvó operándolo con un cuchillo y ese hecho lo conquistó para siempre.

En 1931, cuando tenía poco menos de treinta años, Eloy fue electo diputado provincial por Iglesia.


Los cargos políticos

Ya era un militante que comenzaba a hacerse conocido entre los seguidores de Cantoni.
Camus era un hombre de acción y como tal lo mencionan diarios de la época.

Recordando la Revolución de 1.934 que derrocó a Cantoni, publicamos en el libro “Revoluciones y crímenes políticos en San Juan”, el siguiente párrafo:

“Aún se seguía combatiendo en la Central de Policía y en el Consejo General de Educación que estaba defendido por un grupo de cantonistas que enterados de los sucesos llegaron sin armas pero encontraron en el local un verdadero arsenal.

Atrincherados en el edificio y disparando desde las ventanas, entre estos bloquistas estaban Largacha, Varesse, Sancassani, Muriel y un joven que luego sería gobernador peronista: Eloy P. Camus.

Había alguien más: el cura Juan Videla Cuello”.

Dentro de su trayectoria laboral fue encargado, y luego jefe, del Registro Civil de la Ciudad de San Juan hasta 1928; se desempeñó como profesor de Literatura en el Colegio Nacional y trabajó como procurador judicial algunos años. En sociedad con Ventura Larrínaga y con Manuel Márquez compró una propiedad en Niquivil, Jáchal, quedando como único dueño años más tarde.


En 1946 fue electo diputado nacional por el bloquismo.

Y es en ese año que Camus abraza su fe peronista.

Cantoni había aceptado ser embajador argentino en Rusia y muchos bloquistas, huérfanos del líder, se sentían atraídos por la figura y las propuestas de Juan Domingo Perón.

Camus fue uno de los que desde un primer momento abrazó la causa del líder naciente.

En 1952 fue reelecto y además de ocupar su banca de diputado, integró la comisión del IAPI, organismo que autorizaba las importaciones y exportaciones durante el gobierno peronista.

En 1955 se produce el golpe militar y Camus fue preso por 2 años, 2 meses y 2 días.

Años más tarde –cuando ya era gobernador- comentó a en ese momento a quien esto escribe, un joven periodista:

-Cuando estás en la cárcel mil cosas pasan por tu cabeza. A mi me salvó la calistenia.

Me causó gracia porque fue la primera vez que escuché mencionar ese término. Pero cuando lo busqué en el diccionario advertí que el profesor lo había usado muy correctamente: “La calistenia se define como un conjunto de ejercicios que centran su interés en los movimientos de grupos musculares, más que en la potencia y el esfuerzo, con el objetivo último de desarrollar la agilidad, la fuerza física y la flexibilidad. Se intenta lograr la mayor contracción muscular y que el cuerpo adquiera una alineación correcta, ya que así, permite modelar el cuerpo, mejorar la postura y definir un buen contorno corporal”.

Al recuperar su libertad, Camus se trasladó a Niquivil, comenzando a trabajar en la resistencia peronista.

Es en esos años que se transforma en un referente del peronismo.

Durante los gobiernos militares el justicialismo sufrió profundas divisiones internas.

En su seno convivían fracciones que dialogaban con los militares y quienes eran duros opositores. Camus, junto a otros dirigentes como Roque Gallerano, Pablo Rojas y Leonor Fernández, estaba entre estos, en oposición muy dura al sector dialoguista que se referenciaba en el dirigente de la CGT Enrique Lorenzo Fernández y Ruperto Godoy, hijo del ex gobernador y padre del actual senador nacional.

La posición de Camus, duramente enfrentado con el gobierno militar, lo mantenía en un ostracismo mediático pues la prensa, que no quería problemas con el gobierno, prefería apoyar al sector dialoguista. Y lo hacía abiertamente.


Mi relación con Camus

En esos años -1.972- yo era un periodista de 25 años y cubría la información política de Diario de Cuyo. Mi amigo, Carlos Alfredo Mendoza, era secretario de redacción del diario Tribuna. Ambos, como la inmensa mayoría de la juventud en esos años, nos sentíamos mucho más cerca del peronismo resistente que de los militares.

Fue en ese año que conocimos a don Eloy.

Habíamos viajado a Buenos Aires por una presentación de Aerolíneas Argentinas –algo común en esa época- y a la noche decidimos ir al lugar donde se reunían los integrantes de La Hora del Pueblo.

La Hora del pueblo fue un agrupamiento multipartidario que nació el 11 de noviembre de 1970, cuando representantes de la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP), y los partidos Justicialista (Peronista), Socialista Argentino, Conservador Popular y Bloquista, se agruparon y emitieron un documento con ese nombre, en el que se exigía elecciones inmediatas, sin exclusiones, y respetando a las minorías.

Ricardo Balbín por la UCR y Jorge Daniel Paladino, delegado personal de Juan Domingo Perón, por el PJ, fueron los dirigentes más influyentes de la Hora del Pueblo. Fue la primera vez que el radicalismo y el peronismo actuaron políticamente juntos.

En ese nucleamiento Camus tuvo un destacado papel.

Es oportuno señalar que La Hora del Pueblo no fue una alianza electoralista.

El radicalismo fue a las elecciones con su propia fórmula –Ricardo Balbín – Eduardo Gamond- y el bloquismo terminó aliado con Lanusse y Leopoldo Bravo fue candidato a vicepresidente de la Alianza Repúblicana Federal acompañando al brigadier general Ezequiel Martínez.

Pero todavía gobernaban los militares en 1.972, cuando se reunía La Hora del Pueblo.

Y fue esa noche cuando llegamos a las oficinas donde habían sesionado y encontramos la puerta sin llave y las luces apagadas. Al fondo, en una pequeña oficina había luz. Golpeamos las manos y apareció una figura que inmediatamente reconocimos: don Eloy.

-¿Y ustedes quiénes son?

Nos presentamos. Dijimos que éramos periodistas.

-¿En dónde trabajan?

-En Diario de Cuyo y Tribuna…

-Esos son de Montes. Yo no quiero saber nada de esos diarios…

Pensamos que en ese momento se terminaba el diálogo. De pronto uno de nosotros dijo:

-Oiga don Eloy… Precisamente venimos de parte de Montes. Le envía sus saludos. Quiere hablar con usted…

Don Eloy nos miró. Puso una cara entre la sorpresa y el asco y sólo dijo:

-Díganle que le retribuyo los saludos….

Salimos de la oficina y nos preguntamos con el Negro Mendoza:

-¿Y ahora… qué hacemos?

Nos fuimos a las oficinas que el diario tenía en Buenos Aires, prendimos la teletipo que era la forma de comunicación de aquellos años y tipiamos:


-Don Francisco, hemos estado con don Eloy Camus y le manda un afectuoso saludo y dice que le gustaría charlar con usted cuando vuelva a San Juan.

Pasaron algunos minutos en los que mirábamos fijamente la teletipo esperando la respuesta. Pronto nuestra mentira dio sus frutos. Las letras comenzaron a aparecer en la máquina.

-Díganle que yo también lo saludo y que con gusto lo recibiré cuando vuelva a San Juan.

Una semana más tarde don Eloy entraba por primera vez a Diario de Cuyo. Lo recuerdo como si fuera hoy. Llegó acompañado por Gallerano y Leonor. Don Francisco lo recibió con una sonrisa amplia. De pronto Camus dijo a sus acompañantes.

-Este es el hombre del que yo les he hablado tan mal durante tantos años. Ahora nos vamos a hacer amigos.

Entraron los dos solos a la oficina de Montes.

Y se hicieron amigos.

Los tiempos habían cambiado.

Los medios de Montes apoyaron toda la gestión de don Eloy y entre ellos existió una real amistad.

Hombre de paz

Todos coinciden que gracias a don Eloy en San Juan se vivió un clima de relativa tranquilidad en una de las épocas más terribles que vivió la Argentina. Muchos de los jóvenes militantes de aquellos años coinciden que durante la gobernación de Camus integrantes de formaciones especiales se salvaron por don Eloy.

Una anécdota que pinta esta situación la relató su nieto, también llamado Eloy Camus, al hablar del caso de Francisco Segundo Alcaraz, “Chiquito” quien a los 33 años era presidente de la Juventud Peronista en San Juan y secretario político de la organización guerrillera peronista

Montoneros, teniendo el grado de oficial.

-A Alcaraz lo conocí en la casa de mi abuelo cuando él era gobernador de San Juan y al ‘Chiquito’ por pedido de las autoridades nacionales lo estaba buscando la policía sanjuanina por sus actividades políticas.

Cuando lo conocí, mi abuelo le gritaba por teléfono muy enojado al Jefe de Policía como ‘carajo’ no lo podían encontrar a Alcaraz para detenerlo.

Difícil que lo encontrara. Alcaraz estaba tomando café en la cocina de don Eloy. Años después me enteré que también lo ocultó un tiempo en la época de la dictadura.

Alcaraz fue muerto cuando resistió su secuestro en la vía pública de San Juan el 29 de octubre de 1976, cuando ya gobernaban los militares. Lo acribillaron de 108 balazos cuando se bajó de un colectivo.

Pero igual que trataba de salvar la vida de un militante montonero, también fue protagonista de otra anécdota que me tuvo como testigo y que conté en el libro “anécdotas de la política sanjuanina”.

Corría 1973. El peronismo sanjuanino había triunfado en la segunda vuelta, consagrando la fórmula Eloy P. Camus, Francisco Aguilar, como gobernador y vice.

La calle era un hervidero de gente. Columnas con grandes carteles identificaban a grupos revolucionarios, gremios, unidades básicas.

Después de 18 años el justicialismo volvía a ser gobierno y los viejos de la resistencia se abrazaban con los jóvenes revolucionarios.

Todo era consigna y cantos contra los militares que habían perdido la pulseada con Perón y sus personeros en la provincia.

Los más exaltados pedían paredón y los jóvenes cantaban:

—¡Si Evita viviera, sería montonera!

—¡Aquí están, estos son, los soldados de Perón!

Mientras tanto, el viejo profesor, ya gobernador electo, pasaba a buscar en su auto y acompañado por su compañero de fórmula, Francisco Aguilar a los dos jóvenes periodistas que lo habían apoyado durante la campaña.

Subimos al auto con el Negro Mendoza sin saber adónde iríamos. La sorpresa fue cuando el coche se detenía en la esquina de 25 de Mayo y Sarmiento donde vivía el todavía gobernador Carlos Gómez Centurión.

—Bebito, he venido a saludarte y a decirte que te quedes tranquilo, que los muchachos gritan mucho pero no va a pasar nada.

Gómez Centurión había sido alumno de Camus y siempre mantuvieron buena relación.

El gobernador de la “Revolución Argentina” sacó unos vasos y ofreció whisky.

Tras hacer un brindis, Camus y Aguilar se retiraron, rumbo a la plaza para festejar con sus compañeros de lucha.

Esa misma noche Camus nos ofrecíó integrarnos a su equipo de gobierno.

Yo no acepté pues deseaba seguir con mi carrera profesional. Además de mi trabajo en Diario de Cuyo era corresponsal de Clarín en San Juan.

Mendoza aceptó, dejó su cargo en el diario y acompañó a don Eloy como asesor durante todo su mandato.


Sentido del humor

Camus era un hombre de humor. Un hombre que gozaba siendo gobernador, que se sentía cómodo en el cargo y que hacía sentir cómodos a sus interlocutores.

A veces uno creía que tenía mala memoria o estaba despistado pero sabía por qué lo decía. Por ejemplo, a la gente del FIP, el partido de Abelardo Ramos, solía decirle “los del PIF”. O cuando hablaba de Diario de Cuyo decía “la voz de cuyo”.

Don Eloy llegaba temprano a la Casa de Gobierno. Fue uno de los más madrugadores. “Antes de las 8 ya estaba en su despacho, donde permanecía hasta las 14,30. Volvía a las 17 y nunca se iba antes de las 11 de la noche, salvo que tuviera alguna reunión afuera”, recuerdan. A pesar de sus años, la actividad del profesor era muy intensa. “Atendía a mucha gente. Alguna vez hizo audiencias públicas en los jardines de la gobernación a las que asistían centenares de personas”, comentan. En esas reuniones, el pedido más frecuente era el de trabajo en el Estado.

—¿Y vos de qué querés trabajar? , preguntaba don Eloy.

—Yo soy perito mercantil. Me gustaría un puesto en alguna oficina–, era la respuesta más común.

—Acá no hay empleos de oficina. Si querés trabajar agarrá el pico y la pala – decía el mandatario con lo que el 90 por ciento de los postulantes optaba por el silencio y una retirada discreta.


La escuela de los Cantoni

Formado políticamente en la escuela de los Cantoni, don Eloy “se las sabía todas”, dicen los viejos empleados de la Casa de Gobierno. Siempre iba armado, incluso a las reuniones en Buenos Aires y daba no pocos dolores de cabeza a la custodia pues rompía todas las normas de seguridad y salía solo o con algún funcionario ante la desesperación de los custodios que de pronto descubrían que habían perdido todo contacto con el gobernador.

Una vez, recordaba hace algunos años el entonces director de Ceremonial Oscar Gutiérrez, “lo habíamos ido a esperar al aeropuerto adonde regresaba desde Buenos Aires. Ibamos en el auto con él y el chofer. Al llegar a la avenida Rawson don Eloy da la orden”:

—Seguí derecho, che.

Al rato estábamos en la finca del profesor en Niquivil donde el gobernador quería ver unos cultivos, y comimos un cordero. Recién en horas de la tarde llegamos a la Casa de Gobierno donde encontramos las caras preocupadas de todos los funcionarios que durante seis o siete horas no supieron de la vida del mandatario.

Camus era famoso por su vocabulario. Aunque era profesor de literatura y un hombre de gran cultura, muchas veces utilizaba palabras de antiguo uso, algunas de origen inglés. Por ejemplo, llamaba “broadkasting” a las emisoras radiales; “speaker”, al locutor; “autogiro” al helicóptero.

Precisamente el helicóptero era su gran pasión. Le gustaba volar observando cursos de agua, cerros, tropas de guanacos. A veces, el entonces piloto de la Gobernación Pablo Aguiar, lo dejaba guiar la máquina, por supuesto manteniendo el control.


Un “paternalista”

Si alguien me preguntara cual era la ideología de Camus, diría que fue –como la mayoría de los caudillos peronistas- un “paternalista”.

Mientras los distintos sectores del peronismo se desgastaban en larguísimas discusiones ideológicas, él jugó siempre al poder.

Pero entendamos bien: no como un juego personal o de poder por el poder mismo.

Don Eloy era un integrador, que hablaba con todos los sectores, que, aunque siempre fuera armado, no entendía a la violencia como método político.

El sumaba.

Y era consecuente con quienes consideraba sus amigos. Recuerdo la forma como más de una vez me presentó en alguna reunión:

-Este es periodista y desarrollista. Pero es rescatable…

Camus llegó a la gobernación tras conformar un frente electoral en el que demostró su verdadera vocación integradora. Las dos senadurías las entregó a extrapartidarios. Américo García –otro de sus ex alumnos- hombre del MID y Apolo Cantoni, del Frente 12 de Mayo, el cantonismo enfrentado a Bravo- resultaron electos senadores en la primera vuelta.

Entre los diputados provinciales hubo hombres como Rubén Antonio Hidalgo (MID) y Enzo Valentin Manzini (Demócrata cristiano).

“Venite a mi casa”

Una anécdota lo pinta de cuerpo entero.

El 9 de setiembre de 1.974 el ERP obligó al diario Clarín a publicar una solicitada a toda página para denunciar las próximas elecciones como una farsa, profetizando que se acercaba el momento de que el pueblo adquiriera una conciencia socialista y ridiculizando a «Isabelita», López Rega y Lastiri.

El grupo había secuestrado al apoderado de Clarín, el doctor Sofovich, amenazando con matarlo si no se publicaban sus avisos.

Clarin publicó las solicitadas e, inmediatamente el ERP liberó a Sofovich, detuvo las rotativas, cambió la tapa e informó sobre lo que había sucedido.

La reacción de la “pesada” de la Unión Obrera Metalúrgica no se hizo esperar. Mientras la CGT y la CGE ordenaban un boicot publicitario contra Clarín, los “muchachos” de la UOM tomaban por asalto la redacción del matutino en Buenos Aires y volaban con bombas el frente que da a la calle Piedras.

Al día siguiente, una bomba estallaba en Rosario, volando la agencia de Clarín en esa ciudad.

Perón no repudió los atentados. Se limitó a decir: “Clarín actuó mal y los muchachos respondieron de igual manera”.

Ante ello los directivos del diario ordenaron a todos los corresponsales que enviaran un telegrama colacionado a los gobernadores provinciales en el que se decía: “ante la falta de garantías existente y los hechos producidos que ponen en riesgo la seguridad de personas y bienes, exigimos a usted la custodia de nuestros locales haciéndolos responsables de cuanto pudiera ocurrir.

Colaciónese.”

Camus recibió el telegrama a las 18.

Quince minutos después se detenía frente a la casa del corresponsal en el Barrio Fray Justo Santa María de Oro, el auto del gobernador con don Eloy Camus y el vicegobernador Francisco Aguilar.

—Recibí tu telegrama –dijo el gobernador—¡vamos! Cargá a tu mujer y tus hijos que se vienen a mi casa.

—Pero no, don Eloy. No hace falta. Acá está todo tranquilo. El telegrama es un formulismo simplemente.

—Nada de formulismo. Las cosas están muy feas y no vaya ser que les pase algo.

Durante quince minutos el profesor insistió argumentando que los muchachos de la UOM no se andaban con chiquitas y que lo mejor era que nos instaláramos en su domicilio.

—Mirá que vos tenés la agencia en tu casa y si producen un atentado será acá...

No hubo caso. El periodista insistió en que no era necesario y Camus y Aguilar se fueron preocupados ordenando una custodia en el lugar.

Cuando ya habían subido al auto, el gobernador abre la ventanilla y dice:

—Si cambias de idea, a la hora que sea, te venís a casa.

Y casi partiendo ya, agregó:

—Ah... enseguida te va a llegar el telegrama de respuesta.

Dicho y hecho. A los pocos minutos llegó un colacionado que decía: “rechazo por improcedentes y ofensivos los términos de su telegrama.

En el país y en la provincia existen total seguridad. Intimo a usted para que rectifique los términos de su nota. Colaciónese”.


Gestos como este se que los tuvo con mucha gente. Por eso, no me cabe dudas de calificar como una verdadera infamia la detención en la cárcel de Chimbas de don Eloy por el gobierno militar que lo derrocó.

Justo a él que fue una de las pocas voces que en medio de la tragedia que vivía el país, intentó aportar cordura y humanismo.


El gobierno era él

La personalidad de Camus hizo que el gobierno fuera él, aunque tuvo algunos colaboradores muy eficientes. No tuvo un entorno que le manejara las cosas.

Su gobierno fue un mosaico de tendencias, edades, trayectorias. Una representación del peronismo de esa época.

A su lado podía coexistir gente de edad, como don Pablo Ramella o Roque Gallerano junto a jóvenes como Juancho Jiménez o Rogelio Cerdera.

Sus conexiones en el orden nacional le posibilitaron tener como asesor económico al ex ministro de Perón Roberto Ares aunque el cargo de ministro en los primeros años lo desempeñó un sobrino de su esposa, Pililo Valenzuela.

Don Eloy fue uno de los gobernadores que llegó al cargo con más edad (70 años), sólo superado por Alfredo Avelín que tenía 74 años cuando asumió. Muchos de los dirigentes de su época (Américo García, Leopoldo Bravo, Edgardo Gómez) fueron alumnos suyos en el Colegio Nacional.


La marcha en latín

Fue el único mandatario que en esta segunda mitad del siglo usó sombrero.

No fumaba pero era de buen comer y buen beber.

Cuando estuvo en la gobernación mantuvo sus amistades de toda la vida, algunas de ellas ajenas al mundo de la política y en su casa particular de la calle Ameghino solía agasajar a sus visitantes con vinos de diferentes partes del mundo que tenía en su enoteca.

De aquellas reuniones en su pequeña biblioteca en el subsuelo de su residencia, por la que pasó buena parte de la vida política argentina, don Eloy contaba con gran gracia aquella vez que en rueda íntima logró hacer cantar a su amigo, el arzobispo Ildefonso María Sansierra, la marcha peronista en latín.

A doña Julia Valenzuela, la esposa de don Eloy, se la recuerda como la mujer más humilde y alejada del protocolo. “Una vez –cuenta Gutiérrez—, venía en el auto de la gobernación y me encuentro a doña Julia esperando el ómnibus, en la esquina de su casa, en Libertador y Ameghino”.

—¿Adónde va doña Julia?

—Al hospital, me voy a hacer atender.

—Venga, la llevamos.

—No, no. Si se entera el Negro (así le decía a don Eloy), se enojará mucho. Para él los autos oficiales son sagrados. No pueden utilizarse para cosas particulares —, fue la respuesta de la esposa del gobernador que prefirió continuar en la esquina esperando el ómnibus que la llevaría al Marcial Quiroga.


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