Sábado, 18 de Agosto de 2018      

ENRIQUE GOMEZ CENTURION. 1972 - 1973 y 1987 - 1991

Se lo recuerda como “muy campechano, querible, con facilidadpara hacer amigos”, pero también como “muy leche hervida cuando lo sacaban de las casillas”. Fue el mandatario de mayor vida social y cultural. Pero además, constituye un caso único por las circunstancias que llegó al poder, condicionado por la presencia muy fuerte de Leopoldo Bravo como líder partidario. La historia del hombre que mayor cantidad de cargos públicos de gran importancia tuvo en el siglo XX.

Por:
Juan Carlos Bataller

Carlos Enrique Gómez Centurión era candidato a la gobernación de San Juan cuando fue tomada esta foto, en 1987. Nacido el 17 de mayo de 1924, tenía 47 años cuando gobernó por primera vez San Juan, durante la presidencia de facto de Alejandro Agustín Lanusse, entre 1971 y 1973. Para el periodo constitucional 1987-1991 fue electo como candidato del Partido Bloquista, en una fórmula en la que lo acompañó Wbaldino Acosta como vicegobernador.
¿Puedo ser objetivo con Gómez Centurión?

¿Debo serlo?

Hay una historia que condiciona todo lo que escriba sobre él.

Para mucha gente que vivió en San Juan los años 80, sea lo que fuere, nada de lo que escriba será creíble en este caso.

Ocurre que Gómez Centurión fue un gobernante decisivo para que San Juan no tuviera dos diarios en esos años.

Y es por eso que antes de entrar en el personaje, he optado por contar la historia de mi relación con Gómez Centurión.

Al “Bebe” lo conocí siendo yo niño.

Geólogo de profesión, empresario con vocación minera, era natural que tuviera relación con mi padre, también empresario minero.

Cuando me inicié en periodismo, Gómez Centurión era director de Minería del gobierno de Edgardo Gómez, bajo la presidencia de Juan Carlos Onganía.

Estamos hablando de 1.969.

Por ahí anda una foto mía de una entrevista con Gómez Centurión. Yo apenas pasaba los 20 años. El acababa de cumplir 45. Fue la primera vez que charlé con él.

Tres años más tarde, en 1.972, el Bebe fue designado gobernador de San Juan por Alejandro Agustín Lanusse.

Era un hombre muy activo, de reacciones rápidas, de trato cálido que a veces rozaba la demagogia.

Ubiquémonos en el tiempo. Eran los años previos al regreso de Perón al país, una Argentina profundamente dividida, en la que se mezclaban la guerra fría de las superpotencias, el mayo francés, el Cordobazo, la soberbia armada de la guerrilla, el miedo vestido de terror de los militares y un proceso militar que agonizaba –una vez más- en el ejercicio de un oficio que nunca aprendieron: gobernar.

En San Juan sólo existía un canal de televisión, el 8, propiedad de Jorge Estornell, tres radios (Colón Sarmiento y Nacional) y un diario. Por primera vez en el siglo XX San Juan tenía un solo diario pues Tribuna había sido cerrado.

Las nuevas tecnologías llegaban a la provincia y en ese esquema de comunicación comenzaba a advertirse cierta concentración de medios pues nacía la televisión por cable, propiedad de la misma empresa del diario.


Encuentros esporádicos

Pero volvamos al personaje de esta historia.

Gómez Centurión llegó a la gobernación en 1.972, dejando de lado la adustez militar de los gobiernos de esa época. Se vistió de civil. Se rodeó de civiles. Se colocó la bandera del sanjuaninismo. Y tras pocos meses de gestión, se fue aplaudido en momentos en que el país puteaba a los gobiernos militares.

Mis contactos con Gómez Centurión fueron después de esa etapa, muy esporádicos. El siguió ocupando cargos en gobiernos militares. Y yo trabajé como periodista en Buenos Aires y en Europa.

Alguna vez coincidíamos en algún lugar del mundo. Como un 25 de Mayo que festejamos juntos en México. El como embajador, yo como turista. Y entre los dos una presencia muy querida: Mario Moreno, Cantinflas.

Un domingo que quedó para siempre en mi memoria.


En 1.982 regresamos casi al mismo tiempo al país.

Yo había dejado la corresponsalía de Clarín en Roma y la Santa Sede, militaba en el desarrollismo de Arturo Frondizi y había sido electo presidente del MID.

Gómez Centurión volvía desde Portugal, donde había sido embajador hasta poco antes que los militares se retiraran del poder.

En San Juan, justo es decirlo, el Bebe conservaba su imagen de gobernador eficiente. Y varios partidos intentaron seducirlo para llevar su candidatura.

Con Américo García –quién sería nuestro candidato a gobernador-combinamos un almuerzo con el Bebe, para sondearlo. La idea era ofrecerle una candidatura a diputado nacional. Nos agradeció pero nos dijo:

“creo que no sería ético de mi parte ser candidato en este momento pero les aseguro que si hay gente por la que siento simpatía es por Frondizi y por vos, Américo”.

Un año más tarde se anunciaba la candidatura de Gómez Centurión a senador nacional por el bloquismo.


El afecto con Gómez Centurión se mantuvo en los años siguientes.

Un día me anticipó que se lanzaba para ser candidato a gobernador por el bloquismo.

La decisión era correcta. Sólo una figura como la del Bebe podía contrarrestar el desgaste que habían sufrido Leopoldo Bravo y su partido tras muchos años de ejercer el poder en San Juan.

Yo ya había vuelto al periodismo y me había alejado totalmente de la política. Le desee suerte y le hicimos una larga nota en El Nuevo Diario.

El sueño del pibe

Gómez Centurión fue electo gobernador, acompañado en la fórmula por Wbaldino Acosta.

Yo tenía 40 años. Y en ese tiempo, parafraseando a otro gobernador, José Luis Gioja, mi “sueño del pibe” no era conducir Clarín sino tener un diario en San Juan.

Hablé con Jorge Estornell, con la gente de Radio Colón, con los directivos del diario Los Andes en Mendoza. Y en abril de 1.988, frente a unas inmensas rotativas que acabábamos de instalar en nuestro local de la calle 9 de Julio, anunciamos el lanzamiento de las ediciones diarias de El Nuevo Diario.

Lo hicimos ante la presencia del gobernador de San Juan y su esposa en un acto que transmitieron en directo Canal 8 y Radio Colón.

Tengo la grabación de los discursos de aquella noche en la que Gómez Centurión daba la bienvenida a un nuevo diario y aseguraba que la empresa tendría éxito pues su fracaso sería un fracaso de todos los sanjuaninos.


A partir de esa noche se desencadenarían una serie de hechos para nosotros inesperados. Por ejemplo, la secretaría general anunció que debíamos abstenernos de publicar aviso alguno de repartición pública y nos cortó toda la publicidad oficial. Lo mismo ocurrió con todos los municipios.

Comenzaron las inspecciones de todo tipo. El avión de la provincia comenzó a trabajar con exclusividad para otro medio. Hasta se prestaron reparticiones oficiales mientras se modernizaban las instalaciones de nuestra competencia y los canillitas fueron de distintas formas inducidos a no vender nuestro producto.


Wbaldino Acosta, entonces vicegobernador, nos llamó y nos contó que la decisión estaba tomada.

-El gobernador no tiene otra alternativa. Es una decisión política.

La agonía duró un año.
El objetivo del poder, en ese tiempo, se cumplió. San Juan perdió la posibilidad de tener dos diarios.

Los años siguientes, con la proliferación de radios de frecuencia modulada, canales abiertos y de cable, televisión satelital, internet y todas sus redes sociales, aventó para siempre el peligro de los monopolios.

Como anécdota de aquellos años, además de un sueño frustrado, quedó el último juicio “por desacato a través de la prensa” que fuera iniciado por el gobernador de San Juan contra este periodista. Un caso que tendría repercusión internacional y que obligó años después a eliminar esa figura del Código Penal.

La historia está escrita. Algún día quizás se publique.


El Bebe gobernador

Ahora sí y con la mayor objetividad posible, vamos a pintar la personalidad de esta figura provincial.

Dos veces ocupó la gobernación de San Juan el doctor Carlos Enrique Gómez Centurión.

La primera, durante el gobierno militar de Alejandro Lanusse, en 1972/73.

La segunda, electo por la ciudadanía, en el período 1987/91.

El Bebe, como le decían sus amigos, era un personaje de características particulares.

Gómez Centurión nació el 17 de mayo de 1924, es decir que a la primera gobernación llegó con 47 años y cuando fue electo tenía 63.

Hijo de Carlos Gómez Centurión, representante de un molino harinero, que murió muy joven y de doña Amelia Ugarte, que era hija de uno de los industriales más progresistas que tuvo San Juan, don Luis Ugarte, empresario que instaló en Zonda la primera usina con que contó la provincia, en 1907.

El “Bebe” estudió en la escuela Superior Sarmiento, hizo su bachillerato en el Colegio Nacional y en 1948 se recibió de geólogo en la Universidad Nacional de Córdoba.

Hincha de River Plate y de Atlético de la Juventud Alianza, en su juventud jugó al basquet, llegando a integrar la selección sanjuanina.

En 1951 se casó con Beatriz Rizzotti, con quien tuvo cuatro hijos: Carlos Enrique, arquitecto y destacado artista plástico, Martín, geólogo, quien falleció muy joven, Pedro Luis, abogado y María Beatriz, profesora de artes.

Socio del Club Social -muchos de sus amigos pertenecen a esa institución- y de Amancay, amante de la música folklórica, del asado y el vino tinto y buen bailarín, Gómez Centurión no era un gran lector de libros, aunque uno le fascinó: “El príncipe”, de Maquiavelo.

La política no ocupó en sus años jóvenes un lugar importante en la vida del Bebe. Aunque admiraba al ex presidente Roberto M. Ortiz y a John Kennedy, recién cerca de los 40 años, en 1962, se afilió a la Unión Cívica Radical. Sus afanes se concentraron más en la vida empresaria. Primero explotó la mica, en Valle Fértil; luego formó una empresa que hacía perforaciones para aguas subterráneas, llamada Aconcagua; incursionó como socio en el negocio de la carne, integró el directorio del Banco Hispano y la Bolsa de Comercio y en 1973 formó una empresa minera, Aluvión S.R.L.

Gran olfato

Pero Gómez Centurión fue un hombre de gran olfato político.

Lo demostraría a partir de 1976, cuando los militares irrumpieron en la vida del país. A partir de ese momento se las ingenió para siempre estar en primera fila, hasta transformarse en el sanjuanino que más cargos públicos ha desempeñado.

Además de los cargos provinciales, con el gobierno del Proceso de Reorganización Nacional fue director del Banco de Desarrollo, del Banco de la Nación, y embajador en Méjico y en Portugal.

En 1984 se afilió al bloquismo, partido con el cuál fue senador, diputado nacional y gobernador electo.

Radical tibio que nunca tuvo militancia activa, hermano de un militar que lucía estrellas de general, era lógico que en aquellos años fuera un hombre bien visto para integrar los elencos gobernantes.

Durante la gobernación de Edgardo Gómez fue primero director de Minería y luego presidente del Banco de San Juan. De ahí pasó a ser director del Banco de la Nación, lo que le permitió vincularse en Buenos Aires y saltar a la gobernación.


Desde el primer día los sanjuaninos advirtieron que no había llegado un típico gobernador del proceso. Gómez Centurión, como también Alejandro “Cano” Lanusse en la presidencia, guardaban en sus espíritus una gran vocación por la política. Aunque ambos llegaron por el poder militar, soñaban con ganarse un lugar en el corazón de la gente.

Una prueba de ello fue que Gómez Centurión se rodeo de hombres hábiles políticamente, aunque no tuvieran gran militancia política.

Federico Bocelli, de pasado socialista, fue su ministro de Gobierno. Ricardo Basualdo, descendiente de una tradicional familia conservadora, fue su joven ministro de Economía. El peronista Carlos Fernando Yossa, máximo dirigente mercantil de la provincia, fue designado en Asuntos Sociales.

Detrás de los ministro se encolumnaban muchos técnicos y jóvenes que llegarían a tener protagonismo en la política sanjuanina. Entre ellos el arquitecto Eduardo Caputo, Carlos Quevedo Mendoza, Hugo Aguilar, Ernesto Peñafort y un dirigente peronista que se había radicado en aquellos años en San Juan y que traía innovadoras ideas en materia turística:

Guillermo Barrena Guzmán.

Gran ritmo de trabajo

Cuando fue gobernador, su jornada normal de trabajo comenzaba a las 9 y se extendía hasta las 14, para regresar a su oficina a las 17,30, donde permanecía hasta las 22. Pero en general –sostienen- no existían horarios pues se lo recuerda como el mandatario que más actividad social desplegó y la época en la que más reuniones de distinto tipo se realizaron en la Casa de Gobierno.

En la primera gestión fue una característica las giras por los departamentos. “El gabinete en pleno se instalaba en el interior y tomaba decisiones en presencia de los lugareños. No sólo se anunciaban obras sino que se les ponía plazo de ejecución y se asumía el compromiso de cumplirlos estrictamente”, recuerda el director de Ceremonial Oscar

Gutiérrez.

Durante esa gestión, también, un par de veces llegó de improviso acompañado por periodistas a las 7 de la mañana a alguna repartición para controlar personalmente que los funcionarios estuvieran en sus puestos.


Para el personal estable de la Casa de Gobierno el signo distintivo de las gestiones del “Bebe”, como le llaman sus amigos, fue su vertiginoso ritmo de trabajo.

A diferencia con otros gobernadores, Gómez Centurión daba pocas audiencias personales y estas eran generalmente cortas. Prefería recibir a entidades o grupos, con lo que ahorraba tiempo”, recuerdan.

En la etapa democrática, muchas de esas cosas se dejaron de lado. En cambio aumentó mucho su contacto con la gente, especialmente con sectores importantes de la vida provincial. En ese sentido privilegió las relaciones con los diputados, los intendentes, con los sectores gremiales y con la gente de la cultura y el deporte. “Muchas de estas reuniones – recuerdan los funcionarios de carrera-, se hacían durante almuerzos que solían prolongarse hasta las 5 de la tarde”. Almuerzos que no se resumían a diputados o intendentes de su partido.

—Muchas fueron las veces que venían a almorzar diputados de la oposición, como los peronistas José Luis Gioja, Ruperto Godoy y Guillermo De Sanctis o el radical Carlos Munizaga—, recuerdan. Otro asiduo invitado era el legislador nacional Luis Alberto Martínez.

Su vida en la gobernación

Durante su gestión, Gómez Centurión vivió en la residencia de la Casa de Gobierno, junto a su esposa, Beatriz Rizzotti, a la que se recuerda como una mujer muy correcta y de intensa vida social. “Los hijos no vivían en la residencia pero venían a comer los domingos”, contaron.

Precisamente fueron los Gómez Centurión los que remodelaron la residencia que hoy cuenta con dos dormitorios, dos baños, cocina, living y comedor, además de un jardín con parrilla y piscina.

Los Gómez Centurión tenían muchos amigos y dedicaban especial atención a la vida social, sobre todo con sectores de la cultura. “A través de uno de sus hijos que es arquitecto y artista plástico –recuerdan— se relacionaron muy directamente con los pintores sanjuaninos. Varios de ellos venían a menudo a comer a la residencia”. El matrimonio era infaltable a los conciertos organizados por el Mozarteum, lo mismo que a las fiestas en el Club Social.

En cuanto a comidas, Gómez Centurión se adaptaba a todas aunque generalmente agasajaba a sus invitados con asado. Sus bebidas preferidas eran el vino y el champagne. Durante su primera gobernación, el gobernador fumaba, hábito que abandonó en la segunda gestión.


A Gómez Centurión se lo recuerda como un mandatario “muy campechano, querible, con facilidad para hacer amigos”, pero también como “muy leche hervida cuando lo sacaban de las casillas”.

Si bien era muy personal y desconfiado –“estaba personalmente en todos los detalles”, aseguran—, tuvo un grupo de colaboradores de mayor confianza. En los últimos tiempos, estos fueron su secretaria privada, Maricha Silvestre y su jefe de asesores, Oscar González Valverde.

A la distancia

A la distancia y con la experiencia que dan los años, uno advierte que no fue fácil ejercer el gobierno democrático para Gómez Centurión.

La presencia de Leopoldo Bravo era muy fuerte y desde el partido y la senaduría nacional, manejaba gran parte de sus diputados e influía en las decisiones.

Además, había una gran concentración mediática sobre la que tampoco tenía influencia directa.

Y sectores claves de la economía eran conducidos por amigos personales de Bravo, como Evaristo Alés, que manejaba el transporte de la provincia y Francisco Paolini, ejecutor de las mayores obras públicas.

Pero a su vez era él quien podía asegurar una buena elección y un trato directo con la gente a un partido que ya daba muestras de desgaste tras tantos años de ejercicio del poder.

De hecho fue el último gobernador bloquista elegido por la ciudadanía.

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El Bebe jugador de básquet. Jugó en el equipo de Inca Huasi y llegó a integrar la selección sanjuanina.
En esta foto de 1927 aparece Doña Amalia Ugarte con sus hijos Eduardo, Luis y Carlos Enrique Gómez Centurión, cuando eran niños.
1972 - Gómez Centurión y Lanusse. Eran los últimos tiempos de los gobiernos de facto de la llamada “Revolución Argentina”. Carlos Enrique Gómez Centurión –en esta foto de pie, hablando por el micrófono- fue el hombre elegido para gobernar San Juan durante la gestión de Alejandro Agustín Lanusse. En esta foto, ambos mandatarios durante un acto oficial.
Doña Amalia Ugarte con sus hijos Eduardo, Luis y Carlos Enrique Gómez Centurión.
Esta foto es del 25 de mayo de 1980 en la embajada argentina en México. En ella aparecemos con mi esposa Silvia junto al embajador Carlos Enrique Gómez Centurión y su esposa Beatriz Rizzotti y un invitado de lujo, Mario Moreno,Cantinflas.
1988 – Bravo, Alfonsín y Gómez Centurión. Eran épocas del radicalismo en el país y del bloquismo en San Juan. Esta foto registra una de las tantas entrevistas que el presidente Raúl Alfonsín concedió por esos años a funcionarios sanjuaninos. El encuentro fue el 14 de junio de 1988, en Buenos Aires. Leopoldo Bravo era en ese momento senador por San Juan, mientras que Gómez Centurión era el gobernador electo desde 1987.

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