Lunes, 23 de Abril de 2018      

ANTONINO ABERASTAIN. 1860 - 1861

Aberastain pasó a la historia no por su actuación como gobernador –estuvo muy poco tiempo al frente de la provincia- sino por enfrentar militarmente una intervención nacional. Tomado prisionero, fue fusilado en Pocito. Estos sucesos de San Juan fueron una de las causas desencadenantes de la batalla de Pavón.

Por:
Juan Carlos Bataller

Antonino Aberastain, en una carbonilla de Santiago Paredes.
Era un hombre alto, robusto, fogoso, ardiente defensor de sus ideales, gran amigo de Sarmiento. Antonino Aberastain era un apasionado al que no debe analizárselo por su actuación política o por el desempeño de cargos. Para la historia, es un símbolo por su sacrificio en Pocito.

Cuando asumió la gobernación, el 16 de noviembre de 1.860, tenía 50 años. Había nacido el 10 de mayo de 1.810 y era hijo de Luis Aberastain y de Manuela de la Roza. Se había recibido de abogado en la Universidad de Buenos Aires y, caso poco usual para la época, hablaba siete idiomas.

A través de la pluma de Domingo Faustino Sarmiento se conocen muchos detalles de la vida de Aberastain. Por ejemplo, que por circular el 2 de enero de 1823, durante el gobierno de Manuel Rodríguez y por iniciativa de su ministro Rivadavia, se solicita a cada provincia seis jóvenes promisorios, para ser educados por cuenta de la Nación en el Colegio de Ciencias Morales. Por San Juan se presentan entre otros Aberastain y Sarmiento.

“Cayole la suerte a Antonino Aberastain, pobre como yo y dotado de talentos distinguidos, una contracción férrea al estudio y una moralidad de costumbres que lo ha hecho ejemplar hasta el día de hoy”.

Llamó la atención en el Colegio de Ciencias Morales por aquellas cualidades.

Allí aprendió inglés, francés, italiano, portugués, matemática y derecho, graduándose en esta facultad.

Se recibió de abogado en 1832, doctorándose ese mismo año, con la presentación de la tesis “Beneficio de la restitución in-integrum”

Su bonhomia –dice Sarmiento- le permitía considerar con humor los apodos con que sus jóvenes condiscípulos le denominaban. En el colegio de Ciencias, por su circunspección y seriedad, Padre Eterno. En la Universidad, a la que ingresa para estudiar leyes, por su mansedumbre y pesada figura, “el buey”.

Durante sus años de estudio sufrió extrema pobreza por la ruina económica de su familia.

Cuentan que habiendo sido nombrado por el Ministerio de Hacienda, no acepta por no tener el dinero necesario para comprarse un frac, vestimenta adecuada para concurrir a la oficina, razón que ocultó a su benefactor.

En 1834, ocupa en Buenos Aires la secretaria de la Academia Teórico Practica de Jurisprudencia, al mismo tiempo que se unía, por su inclinación a las letras, a los jóvenes del Salón Literario.

Al año siguiente vuelve a San Juan. A su llegada, es nombrado Juez de Alzada por el gobernador Nazario Benavides. Ocupó ese cargo hasta 1837.

Por aquellos días, un grupo de jóvenes intelectuales se nuclearon en una asociación que llamaron “Dramática-Filarmónica”, cuyo objeto era practicar el arte teatral y entretener en las noches invernales a las familias que se reunían, generalmente en casa de Juan Jofré, descendiente del fundador de la ciudad.

El inicio de teatro vocacional, nacido al amor de la música y la poesía es practicado con entusiasmo en épocas de romanticismo. Aberastain fue su presidente, Sarmiento, el decorador del teatro y salón de baile y el Director de escena, Damian Hudson, que nos ha dejado la crónica de estos encuentros.

Los miembros de la sociedad debían ser socios y actores y estaban obligados a desempeñar el papel que el director de escena les repartiese acompañados por una regular orquesta, integrada por algunos socios aficionados.

El político apasionado

Lanzado Aberastain a la política, adhiere al partido liberal, así llamado en la provincia la agrupación opuesta al federal de Juan Manuel de Rosas y colabora con Sarmiento en la redacción de El Zonda.

Lo relata el mismo en Recuerdos de Provincia: “He fundado, acompañado por jóvenes instruidos y competentes El Zonda, en San Juan, cuya publicación ceso por una tropelía y expoliación de Benavidez (gobernador y su opositor político) poniéndome en la cárcel, no obstante no ocuparse aquel periódico sino de costumbres, educación pública, cultivo de la morera, minas, literatura, etc.

Acusados Sarmiento, Aberastain, Cortínez, el sargento mayor Ovejero y otros individuos de tramar una conspiración contra el gobernador, huyen a La Rioja en conocimiento de su inminente arresto.

Aberastain siguió su viaje con destino a Salta, donde el gobernador general Dionisio Puch lo nombró su ministro secretario. En 1841 llegó a Jujuy, llamado por su gobernador, Roque Alvarado, a quien reemplazó provisoriamente.

Como puede apreciarse, era un hombre buscado por su capacidad.

Ocupada militarmente Jujuy por las tropas del federal Uribe, a la muerte de Lavalle, debe cruzar la cordillera y refugiarse en Chile.

Se establece en Copiapó, donde abre un estudio de abogado y emprende trabajos relacionados con la minería.

Allí se casa con Magdalena Brihuega y reside durante 14 años.

El triunfo de Urquiza en Caseros hace posible para Aberastain el regreso a la patria. Instalado en San Juan, se dedica a su profesión de abogado. Elegido por sus comprovincianos como su diputado al Congreso General Constituyente, rechaza la designación por no tener la provincia de Buenos Aires representación, habiendo declarado su Legislatura, luego del golpe de estado de Urquiza del 24 de junio de 1852 , no reconocer ningún acto emanado de dicho congreso.

Otras actividades ocupan su tiempo. Recorre las provincias en demanda de suscriptores para una asociación fundada en Chile, denominada Porvenir de las Familias. Se interesa vivamente por el proyecto de Guillermo Weelright de construir una vía férrea interoceánica por Copiapo y que él consideraba más económico establecer por Coquimbo y empleó sus esfuerzos en la explotación de minas de plata en San Juan, estimulando el ingreso de capitales que cooperasen a su impulso

Cómo llegó a la gobernación

Pero antes de introducirnos en el triste destino de Aberastain comencemos por explicar el marco en el que se desarrollaba la vida de San Juan en aquellos, los días más tumultuosos de su existencia como provincia.

El 24 de octubre de 1858, Nazario Benavides, gobernante sanjuanino durante casi cuatro lustros, fue asesinado en la celda del Cabildo, donde lo tenían preso.

El 16 de noviembre de 1860, el coronel José Antonio Virasoro, gobernador de San Juan, fue asesinado junto a amigos y miembros de su familia en su propia casa.

Los dos eran gobernadores federales. En ningún caso se castigó a los culpables.

Eran previsibles las represalias, tanto del gobierno central como de las montoneras federales al mando del Chacho Peñaloza.

El 25 de noviembre de 1860, a cinco días de la muerte del gobernador de San Juan, José Antonio Virasoro, un decreto firmado por el presidente Santiago Derqui en acuerdo de ministros, iba a tener gran repercusión en la provincia.

El decreto comisionaba al gobernador de San Luis, coronel Juan Saa, importante jefe federal, “para que representando al gobierno nacional, restituya el orden en San Juan aniquilado, adoptando al efecto las disposiciones y medidas que creyese convenientes y legales”.

En San Juan se había convocado a elecciones de diputados y doblantes para elegir gobernador propietario. Y el elegido era precisamente Antonino Aberastain, para el gobierno de la Confederación el principal instigador de las muertes de Benavides y Virasoro.

Saa pide suspender la designación

Saa, entretanto, el día 7 de diciembre había mandado una nota al gobernador interino en tono conciliador, en la que aseguraba que no pretendía “imponer al pueblo un candidato ni colocar un partido”. Pero con firmeza le pedía “suspender entretanto todo procedimiento que pudiera alterar el actual estado de cosas en San Juan con respecto a su organización”.

El 16 de diciembre Saa llegó a Mendoza, paso intermedio para viajar luego a San Juan. Y tal como había prometido, lo acompañaba una pequeña escolta.

Allí se encontró con el gobernador Laureano Nazar, su pariente y amigo íntimo.

Y acá comienza a cambiar la historia. Porque Nazar consideraba a los sanjuaninos unos anarquistas, siempre solidarios con los liberales mendocinos.

El 29 de diciembre asumió Aberastain la gobernación de San Juan por un período de tres años.

Todos los sectores de San Juan se abocaron a la defensa militar.

Aberastain lanzó un manifiesto en el que fundamentó la autonomía provincial dentro del concierto argentino:

“El gobernador de San Luis, desnudado el carácter de comisionado nacional, y el gobernador de Mendoza, procediendo ya ambos de propia autoridad, organizan fuerzas para invadir San Juan.

Este es puramente un acto de guerra civil, según el artículo 109 de la Constitución, que el gobierno federal debe sofocar y reprimir”.

El 3 de enero, Aberastain delegó el mando en el presidente de la Cámara, Ruperto Godoy, para ponerse personalmente al frente de la movilización.

La batalla de La Rinconada

El 6 de enero de 1861 se supo en San Juan que las fuerzas de Saa y Nazer ya estaban en marcha para invadir la provincia.

Aberastain ordenó la concentración de las fuerzas. Así partieron los sanjuaninos a luchar en La Rinconada, aquella mañana de enero.

Con Aberastain a la cabeza, asistido por su cuñado Gabriel Brihuega, secundado por su ministro de gobierno Santiago Cortínez, marchaban 1200 hombres, en su mayoría de infantería.

El clima en San Juan cuando marchaban hacia el sur las tropas era de entusiasmo delirante.

Para el pueblo, se iba a defender la libertad y la autonomía. No existían divisiones políticas.

Nadie se planteaba -ni había espacio para hacerlo- si Aberastain era una víctima de los acontecimientos o un demagogo que había creado una situación insostenible.

Y allí iban las tropas, mal armadas y pertrechadas, integrada en su mayoría por hombres sin experiencia militar, por jóvenes henchidos de patriotismo pero que nada sabían de hacer la guerra, por conductores fogosos e idealistas dispuestos -y tal vez decididos-, a morir.

Antonino Aberastain a los 50 años, daba a su vida una dimensión heroica. Y había logrado inflamar muchos corazones en una borrachera de patriotismo.

Un final previsible

Desde Mendoza venían las fuerzas de Saa.

No eran niños de pecho los que la integraban.

En primer lugar, los hermanos del gobernador, los coroneles Francisco y Felipe Saa. Otros dos coroneles arrastraban larga fama: Angel Vicente Peñaloza -el Chacho- y Felipe Varela.

En total eran unos 1.500 hombres, en su mayoría profesionales de la guerra.

Para los sanjuaninos se trataba lisa y llanamente de una invasión de las provincias vecinas.

Y eso es lo que daba sentido a la lucha.

A las 8 de la mañana del 11 de enero, las fuerzas estuvieron a la vista una de otra.

La acción en sí duró tres horas.

A las cinco de la tarde, todo era silencio.

El suelo estaba regado de sangre. “Allí pereció la flor y nata de la juventud sanjuanina”, según un historiador.

¿Cuántos murieron?

Nunca se sabrá.

Aberastain, su edecán Gabriel Brihuega y otros jefes fueron tomados prisioneros y conducidos a un corral de cabras que había en las inmediaciones.

En la mañana del día 12 de enero, las fuerzas invasoras, con sus prisioneros comenzaron la marcha hacia San Juan.

La mayoría de los sanjuaninos venía descalzos.

Es en ese viaje que se produce un hecho que conmovería al país: el fusilamiento de Aberastain por el coronel Clavero, sentado sobre un montículo de rocas, en un lugar llamado Alamos de Barboza.

En horas de la tarde el coronel Juan Saa, con sus tropas y sus prisioneros, llegaron a la ciudad y la ocuparon en nombre del gobierno federal.

Antonino Aberastain fue fusilado en Alamos de Barboza.

Conmoción por el nuevo crimen

El crímen de Aberastain desató en la Nación un clamor de indignación. Derqui pide la cabeza de Clavero, como si el mandadero ejecutor, fuera responsable del drama.

Urquiza manifiesta “La bárbara muerte del doctor Aberastain me ha hecho hervir la sangre. Es un crímen inútil que condeno con toda la energía de mi alma”.

Al recibir la noticia de su muerte, Sarmiento escribió en La Tribuna su biografía y la condena a sus asesinos. Se conservan las dolorosas cartas cruzadas con Magdalena Brihuega, de cuya familia se convierte en amparo.

A Sarmiento le han matado al amigo de su corazón: “He debido a este hombre, bueno hasta la medula, enérgico sin parecerlo, humilde hasta anularse, la estimación de mi mismo, por las muestras que me prodigaba. Nunca ame a nadie como ame a Aberastain, hombre alguno ha dejado más hondas huellas en mi corazón de respeto y aprecio”.

Fuentes

Sánchez, Marcelo Ignacio: Diccionario Biográfico y Genealógico de San Juan de la Frontera 1700-1900.

Ruiz Moreno, Isidoro J. Campañas militares argentinas.

Fernández, Rómulo: “Siete próceres sanjuaninos”

Videla, Horacio: Historia de San Juan

Carmen Peñaloza y Héctor Domingo Arias: Historia de San Juan

Bataller, Juan Carlos: Revoluciones y crímenes políticos en San Juan

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