Viernes, 20 de Abril de 2018      

Una mini ciudad entre bocacalles y plazoletas

Barrio Los Tamarindos

Caracterizado por una enorme cantidad de calles sin salida y varios "coditos que se meten a las veredas", tal como lo definen los propios habitantes, no se podría decir que es un barrio más en San Juan.

Aunque todavía quedaba la mitad de las casas por construir, nació como complejo habitacional el 20 de diciembre de 1983. Justamente en esa fecha se hizo la entrega de las llaves de la primera etapa del Barrio Los Tamarindos, en una zona de Chimbas que ostentaba por poblarse. De hecho, el proyecto en cuestión, terminó por dar vivienda a más de 500 familias, una vez que estuvo totalmente edificado sobre fines de 1984.

A esa altura de las circunstancias, más de una familia -por no decir prácticamente la mayoría, según recuerdan los vecinos con más años de permanencia en el barrio- se mudó de inmediato pese a no tener siquiera conexión eléctrica instalada, por lo que debieron "pedir prestada" la electricidad a alguna de las tres o cuatro empresas constructoras que levantó cada casa, las que se entregaban con piso de cerámico, el baño completo e inclusive el pavimento.

Caracterizado por una enorme cantidad de calles sin salida y varios "coditos que se meten a las veredas", tal como lo definen los propios habitantes, no se podría decir que es un barrio más en San Juan. Tiene el privilegio de ser una mini ciudad, con varias dependencias fundamentales para la vida ciudadana.

La primera institución que se creó fue la Escuela Estanislao Soler, a dos años de la inauguración del barrio. A decir verdad, el establecimiento educativo en cuestión fue trasladado desde Ullum, cuando desapareció del mapa por la construcción del dique. El primer destino de las aulas de esta primaria fue la unión vecinal de la Villa San Patricio -vecina del barrio Los Tamarindos y la promotora de la iniciativa- pero al poco tiempo tuvo su edificio propio, el que en la actualidad alberga a cinco centros educativos de diferentes niveles y da respuesta no sólo a los niños que nacieron en este barrio sino en los alrededores.

Paralelamente, en el corazón del barrio ya se había destinado un espacio a la salita de primeros auxilios, que en realidad era mucho más que eso, porque en los consultorios se atendían y se atienden varias especialidades, desde pediatría, psicología, clínica médica, psicología hasta nutrición.

A fines de los "90 y por expreso pedido de los vecinos para desalojar a un grupo de usurpadores, se instaló también en el centro del barrio, la Comisaría 26. Luego se le asignó un lugar a la capilla honor a Santo Domingo y más tarde (hace poco más de diez años) el centro de jubilados que mantiene activos a todos la tercera edad de la zona.

Otro detalle que le da un poco de color a las calles del barrio es la innumerable cantidad de plazoletas, prácticamente una en cada esquina. El verde y la diversidad de flores que las habitan son responsabilidad de cada frentista.

"Muchas de estas obras fueron iniciativa de la gente de la Villa San Patricio pero también de don Ortega, el vecino que supo llevar adelante por años la presidencia de la unión vecinal del Barrio Los Tamarindos. Pero él falleció y la entidad desapareció. Por suerte, nos dejó como legado todas estas instituciones que lo hacen un barrio muy particular, que lo tiene todo", coinciden las vecinas de diversos sectores del barrio.

Fuente: Diario de Cuyo.

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