Sábado, 23 de Junio de 2018      

Gente de trabajo

Villa Palermo

La villa Nueva Palermo, una iniciativa operada por el Banco Hipotecario que construyó la empresa Goldstein hace 53 años.

Ubicación de la villa. Fuente: Diario de Cuyo.
Las casitas de adobe, de baja altura, una junto a la otra, albergaban a familias de trabajadores que se asentaron en esta zona de Desamparados, hace más de 60 años. Aunque no hubo bautismo oficial, todos llamaban al poblado Villa Palermo y pronto comenzó a crecer a su lado un barrio con fisonomía propia: la villa Nueva Palermo, una iniciativa operada por el Banco Hipotecario que construyó la empresa Goldstein hace 53 años.

Estrella Domínguez, una de las vecinas que habita en la calle Cornelio Saavedra desde entonces, recuerda los comienzos. "Alrededor estaba lleno de parrales, eran fincas de la familia Pérez. Las calles estaban sin pavimentar y lo más característico del barrio era que todas las casas tenían su jardín delantero y mucho espacio alrededor. Había casas de 3 tipos, todas muy parecidas, solo diferían en la cantidad de dormitorios", dice.

La Villa Nueva Palermo conserva el espírtu con que fue creada. En sus calles, cuidadas y con frondosa arboleda, se respira tranquilidad y buena vecindad. Muchos de los habitantes son los originales, que llegaron a poblar el barrio hace más de 50 años. Fuente: Diario de Cuyo.
Las calles más representativas de la Villa son la Roger Balet, Paso, Echeverría y Cereceto, que la limitan por los cuatro puntos cardinales. "Cuando empezó el barrio, éramos todos gente de trabajo. Familias que habían adquirido sus casas con mucho esfuerzo y que con el mismo tesón, se empeñaron en mejorarlas. De los vecinos originales no quedamos muchos, porque después vinieron los hijos y las familias se fueron dispersando", cuenta Estrella, que crió en ese lugar a sus tres hijos.

La buena vecindad, según cuenta, es una característica de la Villa. "Eran tradicionales las reuniones en alguna casa, los cumpleaños eran muy lindos. Con el tiempo esa tradición se fue perdiendo, pero el barrio sigue siendo tan bonito como entonces", asegura. En una de las esquinas más tradicionales, Roger Balet y Saavedra, todavía está el almacén de Hugo Gallardo, un comerciante que lleva afincado varias décadas y que todavía sigue atendiendo a los hijos y nietos de sus clientes primeros.

Y todavía hoy, cuando casi ninguna casa conserva la fisonomía original y el barrio se ha convertido en un punto de mucho valor inmobiliario, la zona conserva mucho de aquel espíritu de trabajo que reinó en sus orígenes y que todavía caracteriza a quienes la habitan.

Fuente: Diario de Cuyo

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