Martes, 13 de Abril de 2021      

Las fogatas de San Juan

Por:
Fernando Mó

2018. Día de San Juan Bautista El 24 de junio de 2018, una multitud festejó el Día de San Juan Bautista. Los fieles participaron de la santa misa en la Catedral y posterior a esto asistieron a la fogata en homenaje al Santo Patrono de la Ciudad, realizada en calle General Paz y Conector Sur.
Niños, adolescentes, ancianos y familias completas esperaron con ansias la llegada del patrono al lugar de la fogata. Los más pequeños arrojaban sal a la pila de leña que fue prendida por monseñor Lozano, el intendente de la Ciudad de San Juan, Franco Aranda y otras personas.
En las tradiciones cristianas se hallan profundamente arraigadas las fiestas del 24 de junio referidas a San Juan Bautis­ta y las de San Pedro y San Pablo correspondientes al 29 del mismo mes. Ambas entrañan un ritual milenario del pueblo; se recuerda a San Pedro que tuvo la importante misión de evange­lizar los judíos y a Pablo que evangelizó al mundo pagano.

Para estas fiestas se hacen grandes fogatas en que intervienen niños, hombres y mujeres, particularmente los primeros y, a veces las autoridades eclesiásticas y civiles, gozando todos con las lenguas de fuego que se alzan buscando el infinito. Se trata de una de las tradiciones más antiguas en que aparece el fuego de la esperanza purificadora del alma. Se suma a este regocijo la circunstancia de ser el 29 de junio el día del Papa.

En América del Sur coincide con el comienzo del sols­ticio de invierno (21 de junio).

Félix Coluccio dice que las fiestas se inician con bom­bas cohetes. "Por la noche hacen telones (luminarias) frente a cada casa con el propósito de alumbrar al santo. Se llevan a cabo rezos ante imágenes, alternando estos con tragos de "yerbiao". Al día siguiente se juega con agua que como está bendeci­da es creencia generalizada que "nadie se enfermera".

Son fiestas ciudadanas y a su vez campesinas. En la oportunidad no es extraño observar en las fincas, estancias, etc. grupos de personas que acarrean, en grandes carretones, materiales ígnios para hacer montículos de considerable alti­tud. Los preparativos comienzan clavando dos palos en forma de cruz, lo más alto posible, en cuyo extremo superior se colo­ca un muñeco previamente relleno con sal gruesa la cual produ­ce estallidos chispeantes y continuados, hacia abajo se colocan nuevas mezcladas con otras secas que producen sonidos distin­tos; agregándose fiques, pastos duros y otros llamados pulpos muy inflamables. Entre medio se ubican cohetes y grandes ramazones para que la quemazón haga el mayor estruendo posi­ble y adquiera espectacularidad. Al final, van a parar a la fogata todos los trastos viejos existentes en las casas.

Los fuegos se encienden de noche, cuando más oscu­ra mejor, se empieza por la base en medio de gritos de chicos y grandes que cantan: "Vivan San Juan, San Pedro y San Pablo; que se abran las puertas del cielo cuando yo me vaya o cuando yo muera". En América del Sur el día del santo cae generalmen­te en época muy fría y se juega con agua ya que no daña, se dice, por estar bendita. En otros tiempos solía realizarse, tam­bién, la prueba del metal arrojándose plomo derretido en un balde con agua; luego se interpretaba las formas del material enfriado, cosa que se hacía por persona entendidas en esta cla­se de suertes.


El mayor regocijo consiste en acercarse lo más posi­ble al fuego brincando sobre las brasas y cenizas.

El acto termina siendo una expresión piro láctica con añoranzas de rituales cristianos y paganos. Las niñas casaderas que van en busca de novio a las fiestas del santo suelen gritar "San Juan Bautista, sol de los soles, déjame ver al hombre de mis amores". En algunas noches de San Juan se colocaba al sere­no un huevo, en agua fría, si al otro día aparecía con manchas el casamiento se consuma.

En Europa se realizan las fogatas cuaresmales, hacién­dose las más grandes para el primer domingo de cuaresma. También prenden fuego en la víspera de la Pascua florida de Resurrección: "Es costumbre en los países católicos extinguir todas las luces en las iglesias para hacer un fuego nuevo con pedernal, siguiendo el antiguo rito del lucernario. Con este fuego se enciende luego el gran cirio Pascual que después ser­virá para encender todas las luces extinguidas de la iglesia".

No hay fogatas sin gran algarabía y regocijo, sin paste­les, empanadas, tortas fritas, pistiños, etc. También se juega a las cartas rusas y a las cédulas que son papelitos en donde se colocan nombres de muchachas y muchachos en edad casamen­tera haciéndose luego parejas. A todo esto se agrega el célebre paseo sobre las brasas a que nos referiremos con posteriori­dad. Se acostumbra también hacer andar ruedas encendidas y en época contemporánea se echan a rodar cubiertas llameantes de goma de autos o camiones.

El ambiente frío que rodea el espectáculo, en Améri­ca, propicia el consumo de vino, aguardiente y caña quemada y otras bebidas fuertes terminando el festejo, algunas veces, con borracheras poco elegantes acompañadas de guitarreadas y cantos criollos. No suele faltar quien vive la memoria de Carlos Gardel, pues el 24 de junio de 1935 desapareció trágicamente el zorzal criollo.

Caminata sobre las brasas, técnicamente llamada pirobasia
Como una costumbre que acompaña las fogatas de San Juan Bautista se usa en esta provincia y otras partes de la repú­blica y del mundo practicar el "paseo sobre las brasas". Es una tradición, prácticamente, ecuménica. Se lleva a cabo en cier­tos domicilios particulares como si fuera un acontecimiento común tendiente a conservar el ritual del colchón de brasas. Los asistentes, generalmente promesantes, van llegando al lugar, casi sigilosamente, cuando el sol se pone en el ocaso y la oración invade el atardecer. Conversan con el bastonero, ge­neralmente el dueño de casa, y le explican el deseo y motivo de realizar la caminata sobre las brasas.

No son muchos, en las distintas regiones, los que di­rigen esta clase de tradición.

En nuestro medio desde hace más de 20 años don Luis Aparicio Paredes Aguirre, criollo de la zona de Cochagual, de­partamento de Sarmiento, concita todos los años para la recor­dación de San Juan Bautista un grupo grande de personas que practican el paseo sobre las brasas.

Es un hombre sencillo, contratista de la finca que habi­ta con su familia, llamada "La Cautiva".

En la noche del santo después de la gran fogata, don Luis, como afectuosamente de le llama, desparrama una gran cantidad de brasas especialmente de olivos extendiéndolas en forma de una cruz, de ocho por diez metros. Después de santi­guarse y de un rezo previo empieza él mismo la primera camina­ta Junto a algunos amigos. De inmediato se presentan los que desean realizar igual experiencia; don Paredes se santigua y les pide que digan: "Creo y confío en San Juan Bautista; les indica que se sequen bien los pies si los tienen húmedos y de inmediato los invita a practicar la prueba.

Paredes hace de bastonero y cuida personalmente de las brasas con una vara o bastón. El cochón de brasas debe estar parejo sin que sobresalgan puntas ni se encuentren piedras recalentadas. Lo curioso es que nadie se separa del camino rea­lizando el recorrido en medio de gritos y vivas a San Juan Bau­tista; lo más que se observa son algunas plantas de los pies enrojecidas por el fuego. Se dice que esta es una prueba de pureza espiritual, pues, las brasas no se atreven contra los que están limpios de alma.

Cuando se termina el paseo sobre las brasas se consu­men pasteles, tortitas, pistiños, boíl i tos de anís, frutas secas y vinos, que llevan los circunstantes.

Evidentemente, se trata de un conjunto de ritos paga­nos mezclados con tradiciones cristianas.

Cuenta don Paredes que para la fiesta suelen realizar la caminata más de quinientas personas. Algunos años se repi­ten para la recordación de San Pedro y San Pablo. Los creyentes dicen aue se trata de hechos milagrosos que ocurren en la no­che de San Juan por obra del Santo Patrono.


Cartas rusas
Las cartas rusas acompañan las noches festivales de San Juan Bautista, San Pedro y San Pablo siempre después de las grandes fogatas. Es un juego que se realiza entre un número apreciable de personas dispuestas a divertirse ya que resulta jocoso y picaresco.

El juego se llama cartas rusas aún cuando no se utili­cen cartas comunes.

Se emplea una hoja de papel rayado plegada vertical- mente en siete partes iguales donde se consignan los datos necesarios para redactar una carta rusa, de acuerdo al orden que se menciona seguidamente, comprometiéndose, los que intervienen, a no leer las columnas que ya han sido escritas para que la carta resulte graciosa y espontánea. El orden de las columnas y los da tos son los siguientes:
1- Sobrenombre de los varones.
2- Nombre de los varones.
3- Sobrenombre de las mujeres.
4- Nombre de las mujeres.
5- Acción que realizan.
6- Lugar donde se encuentran.
7- Lo que el mundo dice de ellos.


a) El sobrenombre y nombre de los varones lo escriben las mu­jeres.
b) El sobrenombre y nombre de las mujeres lo escriben los varo­nes.
c) La acción que realizan y el lugar, lo escriben indistintamen­te una pareja, un varón o una mujer.
d) Lo que el mundo dice de ellos, igual que el caso anterior.
e) La lectura de la carta la hace cualquiera de los concurrentes, cuyo texto debe estar lleno de picardía.

Después de las risas, bromas y comentarios chispean­tes que provoca la lectura de la carta rusa, los dueños de casa agasajan a los invitados con chocolate, acompañado de bollitos de anís casero, tabletas de alcayota, dulce de leche o arrope de uva mezclados con pan rallado y cáscara de naranja también ralla­da, este último es el verdadero alfajor sanjuanino. También suelen hacer su entrada los ya nombrados pistiños, de origen andaluz, que han tomado carta de ciudadanía en San Juan dado la gran importancia de la colonia andaluza; los llaman orelles que es una palabra de reminiscencia francesa; los viejos andalu­ces los nombran frutos de la sartén y tienen forma de orejas, sir­viéndose bañados en almíbar.


Fuente: Fernando F. Mó. (1990) Cosas de San Juan (para descansar e informarse). Tomo IV. San Juan – Argentina.



13 de abril de 1493 el almirante Cristóbal Colón fue recibido por la corte española, que se encontraba en Barcelona.
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