Jueves, 4 de Marzo de 2021      

EMPRESARIO DEL AÑO 1990

Esteban Soppelsa: "un buen empresario debe ser un buen ciudadano”

La siguiente entrevista realizada a Esteban Soppelsa por Marcela Ormeño, con motivo de haber sido designado el empresario del año y fue publicada en El Nuevo Diario el 30 de noviembre de 2020 en la edición 488

Esteban Soppelsa, hijo de italianos, Pedro Soppelsa y Stella María Casanova, nació en Alemania un 5 de febrero de 1914
No debe haber quedado una generación desde 1926 hasta la fecha, que, empujada por los calurosos veranos que caracterizan la provincia, no hayan dejado de probar una crema helada de Soppelsa. Y mientras saboreamos una, inevitablemente caemos en que la verdadera historia no la hacen los grandes personajes, con sus actos heroicos o hazañas grandiosas. Es obra del hombre común, que tiene sueños y que está dispuesto a dar lo mejor de sí por concretarlos. Buena parte de la historia de nuestro país la forjaron los inmigrantes. Esteban Soppelsa, hijo de italianos, Pedro Soppelsa y Stella María Casanova, nació en Alemania un 5 de febrero de 1914. Cuando con sus escasos 14 años llegó a la Argentina, no se imaginó ni por un momento que venir de Italia a San Juan, significaría escribir junto a su familia, un párrafo de la historia de los helados. Hoy después de 62 años de entrega al trabajo y a la empresa, acaba de ser galardonado con el premio “El empresario del año”.

—¿Cómo fueron los comienzos de la firma Soppelsa?

—Cuando yo tenía 11 años mi padre, quien fue el precursor de la firma Soppelsa, vino a la Argentina y se radicó en Mendoza. Después él y mi tío Luis decidieron trasladarse a San Juan. Era 1925 y los únicos helados que se hacían en la provincia eran de canela y de limón.

No existían las heladerías sino que se vendían en carritos que recorrían las calles. Sólo la confitería Del Aguila hacía un poco de helado que se servía en las mesas.

—¿Y por qué no se hacían?

—Eran otros tiempos. Además, otro tipo de helado no estaba permitido por la municipalidad. Entonces mi padre les dijo que él y mi tío se especializaban en helados de crema y de fruta diversa y por lo tanto querían hacerlos. Ante esto, el funcionario municipal les dijo que lo hicieran y que él concurriría a supervisar la elaboración. En ese entonces la fábrica era muy precaria, puesto que eran los comienzos. Sin embargo cuando el inspector fue se había preparado el helado adecuadamente en unos cubos. Eran de crema, chocolate y fruta. Al ver esto, el jefe municipal quedó admirado por la forma de presentación, la calidad y la higiene e inmediatamente extendió el permiso para su elaboración.

—Y ese fue el comienzo de la elaboración de helados en San Juan...

—Sí, así es. Fue la primera vez que se instalaba una fábrica de helados en la provincia, y que se comenzó a degustar helados varios en San Juan. En el ´27 se trasladaron a la calle Mitre —fue entonces cuando se acopló mi hermano Brino— y se recurrió a un método que fue toda una innovación: se colocaron mesas para servirlo, lo que dio posibilidades de mejorar el negocio. También se atendía a los coches que se estacionaban en doble fila, a los cuales acudían mi padre, mi hermano y los empleados, a recoger las órdenes. Toda la familia trabajaba.

—¿Cuándo se incorpora usted?

—Al año siguiente mi padre fue a buscarme a Italia y desde ese momento seguimos todos juntos la trayectoria de la empresa. En el ´35 mi tío Luis se fue a Córdoba y nosotros nos quedamos acá.

—¿Cuándo se hizo cargo de la empresa?

—Me hice cargo cuando mi padre falleció, en 1950. Yo seguí la trayectoria hasta que en 1958 constituimos una sociedad entre mis dos sobrinos, Guillermo Gottardi y María Teresa Gottardi y yo. Sociedad que aún se mantiene.

—Después de tantos años de ardua labor, ¿qué significa para usted haber sido premiado como el empresario del año?

—Debo confesar que me sorprendió este premio, porque pienso que hay muchos otros empresarios que tienen iguales o más méritos que yo para recibirlo. Sin embargo siento un gran agradecimiento hacia la Asociación de Dirigentes de Empresas por este reconocimiento.

—Este reconocimiento también es producto del voto de la gente...

El drive-in de la firma Soppelsa, estuvo ubicado en Avenida Libertador y Alvear
—Eso me da una gran satisfacción, porque es una compensación a todo lo que he dado a esta provincia. Porque en esta empresa, todo lo que he tenido y lo que hice se lo he dedicado a San Juan. Y todo lo que se hace actualmente es por el bien general. Es por eso que siempre digo que tener la cantidad de clientes que tenemos es una retribución muy grande, como lo es también este premio que hemos recibido.

—¿Qué implica ser un buen empresario?

—Un buen empresario debe ser fundamentalmente honesto, simple y tener gran decencia. Básicamente debe comportarse como un buen ciudadano y hacer que sus empresas tengan como objetivo final el bienestar general.

—¿En qué forma una empresa puede conciliar su objetivo de ganancia con el bienestar general?

—Fíjese que el mayor capital de una empresa no pasa sólo por el dinero que tenga en el banco o la tecnología. Pasa también por el concepto que merezca en el medio que actúa. Uno recibe del pueblo, del cliente, un trato que es también un reflejo de lo que uno entrega, en atención, en servicios, en mercaderías. En nuestro caso, por ejemplo, ningún ente de beneficencia se ha quedado sin atención de parte de la firma. Lo que hacemos es donarles helado para que la gente que no tuvo o no tiene la oportunidad de probarlos, tales como escuelas pobres, escuelas rurales, lo puedan hacer. Esto es una forma de promover desde la empresa el bienestar general.

—¿El empresariado sanjuanino tiene empuje o está muy quedado?

—Bueno, eso es relativo, algunos andan muy bien y otros no. Pero no se puede evaluar al empresario en general.

—¿Cuál ha sido la peor época para la actividad empresarial sanjuanina?

—Creo que está de más decir que la situación actual es crítica en general. La empresa que surge, hace salto y camina para poder seguir. La mayoría de los empresarios conoce hasta donde dan sus límites y en base a eso trata de sobrevivir. Hubo otra crisis grande como ésta, que fue mundial. Sin embargo los valores eran estables y las perspectivas existían. Se podía planificar, para poder ir mejorando, lo que hizo que más o menos se capeara la crisis. Pero esta crisis es más dura, más difícil. Hay que correr detrás de cada cambio y no se sabe cuál es la solución para los problemas.

—Una empresa con productos de temporada como la suya, ¿cómo hace para sobrevivir todo el año?

—Es muy difícil mantenerlo. Sobre todo porque en invierno no se vende casi nada de helado. Esta situación, a veces nos obligó a cerrar algunos negocios aunque no lo deseáramos. Esto se produce porque fundamentalmente San Juan tiene poca población y gran parte con bajo poder adquisitivo. Por otro lado no hay turismo y el poco que viene no compensa el sacrificio.

—¿Es posible que con esta ola de privatizaciones, se cree un ámbito más favorable para las empresas privadas...

—Creo que las mejoras se van a sentir cuando el manejo de las empresas privadas se ajuste a valores reales y se manejen como tales. Además, si las empresas que corresponden al área privada son manejadas políticamente, algo está mal. Dentro de la política se crean compromisos que son ineludibles y cuyo cumplimiento termina perjudicando a la comunidad. Es por eso que estas privatizaciones pueden resultar positivas.

—¿La promoción industrial era necesaria o se podía sobrevivir sin ella?

—Todo beneficio es útil, siempre y cuando se cumplan con las condiciones requeridas por esta promoción y si se trabaja en favor de San Juan. No tiene sentido que se promocione la industria si el producto se elabora en otro lado, con otra mano de obra y se manda acá para la venta o distribución. Lo fundamental es elaborar y trabajar acá con el producto y dejar los beneficios acá.

—¿La actual cultura del trabajo es diferente a la cultura laboral traída por los inmigrantes?

El patriarca de la empresa, Esteban Soppelsa. Se hizo cargo de las heladerías en 1950 y al poco tiempo asoció a sus primos, los hermanos Gottardi.
—No creo que al trabajador le cueste ahora desarrollar más la cultura del trabajo que antes. En general en la Argentina somos muy trabajadores. Se quiere trabajar pero muchas veces no hay alicientes para ello. No se ven posibilidades de reactivación en la industria ni en el comercio.

—¿Cómo juega la invasión de la tecnología...?

—Bueno, es verdad que la tecnología ha dado un gran avance, pero no creo que sea en perjuicio de la gente que trabaja, sino en su beneficio. Porque las máquinas, los aparatos, alivian el trabajo humano, dejándole al obrero lo más liviano. Tal vez suplante a dos o tres pero el grueso de trabajadores sigue siendo necesario.

—Volviendo a su empresa, ¿ya ha determinado quién lo va a seguir en el manejo de ésta?

—En este momento está al frente mi sobrino, y la está conduciendo bastante bien. Seguramente se encargará de todo cuando yo ya no pueda, para que esta empresa siga siendo lo que es.

—Por último ¿qué más espera de la vida?

—Creo que ahora lo único que deseo es paz y tranquilidad...

Ver artículo: Soppelsa. Un apellido ligado a la industria del helado



El 4 de marzo de 1875 nace en Buenos Aires el escritor, diplomático y jurisconsulto Enrique Larreta, autor de la famosa novela "La gloria de Don Ramiro" (1908) y de "Zogoibi", "El linyera"...
Seguir leyendo.


San Juan al Mundo - Servicios


Lo mejor de la TV

Lo mejor del cine

Qué comemos hoy?

Sorteos

Radios online

Diarios del mundo

Autos

Qué hacer en San Juan

Humor

Servicios y datos de interés

Trámites y contactos

Temas generales

Blogs del mundo
USO DEL MATERIAL DE LA FUNDACIÓN


QUIENES SOMOS CONTACTO SUSCRIBIRSE


Diario la Ventana | Bataller Intimista | La Ventana San Juan | El Nuevo Diario