Lunes, 8 de Marzo de 2021      

DIRECTORA Y PROPIETARIA DEL JARDIN “MINDY”

María Inés Sánchez: “Hay padres que hacen de la maestra un cuco porque perdieron su rol”

Desde 1980 María Inés Sánchez trabaja con chicos de nivel inicial. Se recibió de maestra jardinera cuando la carrera tenía grado universitario. Comenzó con salitas de cinco años, pero luego incorporó chicos de 4, 3 y a pedido de los padres que siempre llevaban un "colado", implementó la de dos años. Reconoce que los padres transfieren la responsabilidad de la formación a los docentes. Asegura que los chicos buscan los límites porque les da seguridad en el proceso de crecimiento. Respecto de sexualidad, la genitalidad y los noviazgos, sostiene que hay que hablarles sin miedo y con la verdad. La siguiente nota fue publicada en El Nuevo Diario en la edición del 19 de febrero de 2010.

Por:
Patricia Moreno

“Lo que reclama el chico con una conducta problemática, es su infancia, porque la está perdiendo con actitudes que le hacen asumir los adultos”, afirma la docente María Inés Sánchez.

—¿Cómo surgió está idea de constituir un jardín privado?
—Esto comenzó hace varios años, cuando con una amiga nos propusimos como objetivo tener un lugar para hacer mucho más de lo que a veces te permite la dependencia de una institución. Inauguramos un 14 de febrero con muchas ganas de que este fuera el lugar donde los chicos se sintieran felices, maduraran, pero siempre con un eje pedagógico.

—¿Usted era docente primaria?
—Sí, pero luego estudie maestra jardinera. En mi época está profesión era universitaria. Me recibí en la Universidad Nacional de San Juan, Es una pena que luego la llevaran a un nivel terciario. Sostengo que la docencia tiene que ser universitaria, debe ser una carrera profunda. No de esas famosas carreras cortas. Está carrera sólo duró 10 años, la cursábamos en la escuela Rivadavia y luego en la Superior Sarmiento. Pero la primera experiencia con niños la tuve en el Instituto de Inglés.

—Fue precursora en este tipo de jardines
—No fue fácil, acá no teníamos antecedentes. Había que estudiar al niño, porque en esa época no había directora de área, ni supervisora. Lo que me ayudó mucho es la posibilidad de poder viajar. Las maestras de La Rioja ya habían empezado en los 80 con el jardín de tres años. Tuvieron una entrega total, nos brindaron todo el material que ellas habían elaborado. Yo llegaba a las jornadas y ellas nos abrían el jardín, las carpetas de planificación y nos iban orientando. Compartimos experiencias y fuimos creciendo en el nivel.

—¿Por qué eligió el nivel inicial?
—Me di cuenta de cuántas cosas se lograban, mi finalidad siempre ha sido lo pedagógico, obvio que por la edad de los chicos con los que trabajamos y por la forma en la que se vive actualmente también se convierte en asistencial. Colaboramos enseñándoles a comer, nos quedamos fuera de hora para que el chico no ande como paquetito por los horarios de los padres, cambiamos un pañal, los peinamos. Pero insisto, para mí el jardín de infantes tiene que tener como eje lo pedagógico. Esto lo vimos recién concretado cuando salió la ley Federal de Educación, si bien tuvo sus críticas, yo me sentía gratificada por que se consideraba como primer nivel de la educación al nivel inicial.

—Los chicos aprenden rápidamente
—¡Son tan dúctiles, podés lograr tantas cosas! Es fácil que aprendan, tienen un estado de ánimo que nunca caes en la rutina, todos los días es algo nuevo. Son una esponja, absorben todo lo que pasa a su alrededor, por eso hay que ser muy cuidadosos porque les llega lo bueno y lo malo, hay que estar atentos. Nosotros tenemos que enseñarles a descubrir el mundo. Ellos vienen de estar con sus padres, aquí se encuentran con un ambiente nuevo, adultos nuevos, pares con los que compartirán y al principio le cuesta. Son muy espontáneos, cuando vienen y te dan un abrazo o un beso es porque lo sienten. ¡Sus sentimientos son tan auténticos!

—¿Por qué no un jardín maternal?
—No trabajamos con bebes porque consideró que es mucha responsabilidad. La lactancia y el sueño deben ser tranquilos y como ves acá hay muchas personitas en movimiento. Además, cuando los cambian debe estar una asistente con la docente para controlar la psicomotricidad y la situación del bebé. Yo creía que el jardín maternal en San Juan no iba a existir nunca, por lo conservadora que es la familia. Pero la provincia fue evolucionando como sociedad.


De las manualidades a la libre expresión
—¿Qué cambios esenciales hubo en la enseñanza de nivel inicial?
—Las docentes tienen una formación que es diferente a los métodos tradicionales, que eran dirigidos. Antes era iluminar, recortar, pegar, pero todo esto cambio. Ahora está la libre expresión lo que es bárbaro porque uno enseña las técnicas pero ellos se exteriorizan como quieren. Creo que este proceso en algunos casos les costó a los docentes, porque de ese trabajo de “manualidades” que se podía apreciar más, pasamos a este trabajo de “creación” del niño que es invaluable. Pero no son los únicos a los que les costó.

—¿Por qué?
—Este es un cambio que también incidió en los padres. Ellos tenían una concepción de que al jardín se venía a jugar y comer. Yo les decía, eso es una plaza. Acá se viene a aprender y a sociabilizar. Los chicos a los dos años logran muchas cosas y los de cuatro son espectaculares. Depende mucho de la motivación del entorno familiar, esto es fundamental.

—Hay padres que transfieren toda la responsabilidad al docente.
—Ese un error. Nosotros debemos colaborar con el hogar, pero nunca reemplazarlo. Algunos, al no saber poner límites, transforman a la seño en “el cuco”. Amenazan a los chicos en que si no hacen los que les dicen le van a decir a la seño, “mira que le digo a la seño que no comiste” o “decile a la seño cómo te portaste”, en lugar de rescatar su rol de padres y de autoridad. No hablo de autoritarismo, sino de autoridad.

—¿Hay padres que consideran que sus hijos son muy pequeños para ponerles límites?
—El límite es necesario, le da seguridad y motiva a los chicos. Pero un límite con coherencia: si hoy digo no a esto, explico porqué y mañana también le digo no. Algunos dicen hoy no y al otro día, como están cansados, en lugar de decirle no dejan que el niño haga lo que quiere. Nosotros les explicamos a los padres cuál es nuestro rol, ellos tienen el suyo y deben cumplirlo. Yo siempre les digo “denme cien niños y no diez adultos”.

—Los chicos pueden manejar a un adulto.
—Sí, también aprenden a especular, el niño es muy inteligente. Sabe que si el adulto cede él puede hacer lo que quiere, pero con el que pone límites su conducta es otra. Sabe con quién puede y con quién no puede hacer lo que quiere. Eso se los enseñamos los mismos adultos, por eso es importante tener un mensaje claro con conductas coherentes.

—Algunos consideran que el jardín es una especie de depósito donde se deja el chico y se desentienden por unas horas.
—Pero eso no de ahora, ha pasado siempre, los jardines “garage”. Son los papas los que tienen que aprender a discernir qué es lo que quieren para sus hijos. Deben molestarse en exigir a la institución donde dejan a sus hijos, pero también tienen el deber de conocer, de ir a la sala para saber cómo trabajan con su hijo, si ese niño está contenido. Deben saber si esa institución está avalada por el Ministerio de Educación. Hay una cantidad enorme de jardines trabajando, pero yo te puedo decir que sólo hay cinco oficializados. Es tremendo, pero cierto.

—¿Cómo hacen con el llanto del primer día?
—Nos damos cuenta por la forma de llorar. Hay un llanto de nostalgia o pena, al que con afecto, unos mimos, con atención personal y entreteniéndolo con un juguete lo va superando. Pero también está el llanto de capricho o bronca, ese es más fácil porque con motivación a través de los títeres, llevándolo al patio para que vea a los juegos, le cambia el interés, se le va pasando, no es inmediato pero lo supera. El de la nostalgia es más complejo, hay que trabajarlo más para que lo supere.


Las malas palabras, sexualidad y genitalidad

—¿Cómo manejan el tema de las malas
palabras?

“Nosotros debemos colaborar con el hogar, pero nunca reemplazarlo. Algunos, al no saber poner límites, transforman a la seño en “el cuco”, sostuvo María Inés Sánchez.
—Los padres se pueden asustar de las malas palabras siempre y cuando ellos nunca las digan. El niño está en una edad totalmente imitativa y copia el ritmo y el insulto. El adulto cuando insulta es porque está enojado, porque reacciona ante una determinada situación a su expresión le da un ritmo a esa palabra, y eso es lo que el niño copia. Cuando algún niño dice una mala palabra lo que hago es preguntarle ¿qué quiere decir o quién se llama así de tus amigos? Obviamente se quedan callados, porque no tienen ni idea. Entonces se le explica que con todas las palabras bonitas que conoce y sabe lo que quieren decir, no tienen que utilizar una que no conoce y es fea. Después se le advierte al padre que tenga cuidado en cómo se expresan. Si lo dice el niño es porque lo escucho de un adulto.

—¿Y con la sexualidad?
—Lo primero que les aconsejamos a los padres es que no tengan miedo de hablar con los chicos, es normal. Lo primero que hacemos es enseñar la diferencia entre varones y mujeres. Es fácil hablarles del embarazo porque algunas de las mamás están embarazadas, se les explica dónde está el bebé, como nace naturalmente o por cesárea, se explica de acuerdo a su nivel de compresión pero con la verdad.

—¿Cómo manejan la genitalidad?
Cuando comenzó con la maratón, María Inés Sánchez no imaginó la trascendencia que lograría está convocatoria en las familias sanjuaninas. Todos los participantes son ganadores. Allí ponen en práctica la solidaridad, integración y afecto.
—Hay que tener en cuenta que ellos se tocan para conocerse, sobre todo cuando se sacan el pañal, especialmente a los varones les llama la atención su pene. Lo que hago es comparar su pene con el ojo. Le explico que es delicado como el ojo, que hay que cuidarlo, que cuando se tocan si tienen las manos sucias se pueden enfermar y cuando hagan pis les va a doler. El ojo tiene el parpado que es lo que lo cuida y lo tapa. Pero como el pene o la vagina, no tienen algo que los proteja la mamá les pone el pañal, la bombacha o el calzoncillo. Y así queda protegido. También le explicamos que nadie los puede tocar, solo la mamá cuando los baña y nada más.

—¿Cómo influye la televisión?
—El problema es que ahora a los chicos no se les respeta la edad madurativa, a través de la televisión se los está incitando o motivando desde muy chicos. Con la publicidad de los celulares en la televisión te preguntan ¿por qué esas chicas están así o hacen tal cosa?, y se les explica sin dramatizar la situación de acuerdo a su nivel de entendimiento.


Los noviazgos en el jardín

—Es común que a los chicos se les pregunte si tienen novia en la salita.
—Es un error de los adultos, los chicos no saben lo que es estar de novios . Cuando se nos planeta esta situación lo que les decimos es que para ser novios hay que ser grandes, haber estudiado, trabajar y para eso falta. Ahora son amigos y es mejor porque pueden tener varios amigos.

—¿Y con los besos?
—Por higiene nosotros siempre le aconsejamos a las madres no besen a los nenes en la boca. Cuando los chicos se besan, hacen lo que les enseñaron. Le explicamos que en la boca solo se besan papá y mamá o los grandes. A los hermanos, amigos o a la seño, se le da un beso en la mejilla.

—Algunos padres sostienen que los chicos son inmanejables
—La realidad del niño cambió, antes vivían en el barrio, jugaban a la pelota o andaba en bicicleta, había seguridad, siempre había un padre atento a lo que hacían. Ahora los padres trabajan, nadie juega en la vereda, la bici fue reemplazada por la televisión. Indudablemente ese chico no comparte experiencias, hay menos tiempo para que los padres den consignas o para saber qué le pasa a ese niño. Eso es lo que reclama ese chico con esa conducta problemática. Está reclamando su infancia, porque la está perdiendo con actitudes que le hacen asumir los adultos Se les está quitando su experiencia al aire libre, la destreza motriz. Hay chicos que llegan y no juegan a la pelota, no saben correr y trepar.

PERFIL
-- Nombre: María Inés Sánchez.
-- Estado Civil: casada con Omar Martínez.
-- ¿Qué música escucha?: Le gusta todo tipo de música.
-- Hijos: Cuatro: Vanesa, Mauricio, Maira y Lía.
-- Nietos: Tres: Facundo, Ignacio y Valeria.
-- ¿Qué lees?: Psicología y novelas policiales y lo vinculado con lo judicial.
-- Hobbie: Teje a dos agujas.
-- Comida favorita: el asado con vino tinto



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